ALEXANDER_DE_LARGE
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ALEXANDER_DE_LARGE
Voz Interior
Ya casi es hora de que te levantes y no has dormido nada, desde hace varias noches no has pegado los ojos ¿insomnio? No lo creo, no tienes razón alguna para tenerlo. Estas sano, te alimentas bien, vas a la universidad, tienes buenas notas, tus padres te quieren y tu novia también, no tienes grandes preocupaciones, ¿qué más podrías desear?. Si lo piensas no tienes ninguna razón para no dormir bien. ¡Duerme! ¡Duérmete ahora!. Ya solo te quedan algunos minutos para que tu madre llegue y te despierte, para que desayunes y vayas a estudiar. La rutina de todos los días. Además la carrera que elegiste te agrada, quizá no tanto como hubieses deseado, pero estaba entre tus primeras opciones, sino no estarías ahí. Pero es por tu bien, al final tendrás tu título profesional y podrás independizarte, vivir solo o con tu novia en algún suburbano lugar, quizá casarte, tener hijos y un perro. Eso es felicidad ¿no lo crees así?
¡Silencio! ¡Silencio! Hazte el dormido para que tu mamá no se preocupe, para que pienses que eres feliz haciendo lo que haces... ¡Shhh! Que ahí viene, así es que date la vuelta.
- Hijo ya son las seis de la mañana... tienes que levantarte
- Sí mamá
Eso, muy bien, la voz de recién despertado te ha salido excelente, muy natural, yo creo que te ha creído. Ahora quédate en la cama unos cinco minutos mas, como retozando, para hacerlo más creíble. Ahora levántate y ve directo a la ducha, el agua te hará bien para la modorra. Anoche estudiaste hasta tarde y el agua te animará, para vivir otro día miserable más.
¡¡¿¿Qué??!! ¿Sientes el corazón oprimido? ¿Sientes algún dolor? ¿Es que te has dado cuenta que ya no sonríes? Tu madre también extraña lo mismo de ti, tu la has oído decírtelo. Hecha de menos esa alegría, ese vigor que tenias antes, esos deseos de llegar siempre mas allá. Pero está tan orgullosa de ti, se le nota. Y tu padre no deja de hablar de ti en su trabajo, si hasta dice que vas a ha ser el profesional de la familia ¿Frustrado? ¡Nah! Si no hay razón para estarlo. De todas maneras que importa que postergues tus sueños en pos de hacer feliz a tu familia. De todas maneras podrás pintar cuando quieras ¿Cierto? Vamos que ya llevas demasiado tiempo en la ducha, tienes que salirte ya o tu madre pensará que te sucede algo, pero no puedes decirle como te sientes porque no lo comprendería.
Ahora ve a tomarte el desayuno y vete pronto a la universidad que se te hace tarde. Súbete a la micro y llega a la sala de clases y siéntate en el puesto de siempre a escuchar al profesor a hablar del derecho constitucional o sobre la función de la contraloría general de la república. Todo eso quizá te sirva para tu futura carrera de abogado. ¡¡Qué!! ¿Quieres pintar? Lo siento pero no puedes, ya que se te hace tarde y debes irte. Las responsabilidades aplacarán cualquier deseo que tengas y cualquier sueño que hayas osado amasar. Ahora vete.
Por favor no seas tan patético como para pensar que estas mejor, no intentes pensar que no importa, porque no hay nada mas importante que tu mismo, pero eso deberías saberlo mejor que yo, ya que si tu no lo sabes es muy difícil que yo no lo sepa también, porque somos la misma horrible cosa, el mismo asqueroso engendro. Sé lo que sientes aun antes que me lo digas, o te lo digas a ti mismo. Yo escarbo en tus sentimientos, yo sé lo que piensas... ¿Qué? ¿Suicidio?. Aunque es una salida fácil, no es una idea tan desagradable. ¿Qué? ¿Qué pensará tu madre? ¡Ja! No seas patético ¿Es que acaso importa? ¡Claro que no! En primer lugar por personas como ella estas metido en esto en vez de estar pintando o haciendo alguna cosa que te guste mas... ¿Qué? ¿Ya no soportas mas, bebito? Pues salta, el Río está cerca, solo debes bajarte de la micro y saltar. En el peor de los casos te vas a fracturar una pierna. ¿Qué? ¿No quieres fallar? Entonces consíguete una cuerda y amárretela al cuello.
Ya, no seas cobarde y decídete de una vez, de todas maneras nadie va a echarte de menos. Eso es, bájate de la micro. ¿Tienes dinero? Dile a ese caballero, el del puesto de verduras, que te venda esa cuerda vieja que tiene ahí, a su lado. Listo, ahora hechála en tu mochila y camina por la orilla del río hasta el puente. Bien. ¿Qué? ¿Tienes miedo? No seas gallina. Si tomas una decisión debes seguirla hasta el final ¿No es así? Bien, mira ahí está el puente. Sube y amarra la cuerda disimuladamente en la baranda y hazle un lazo en la otra punta, como sea da igual, lo único importante es que te apriete llegado el momento. Ahora pásate el lazo por el cuello. Súbete a la baranda. Eso. Ahora salta. ¿Te gusta la sensación del viento en tu cara?. ¿Qué? ¿Si alguien te quería? Eso ya no importa mas...
Ya casi es hora de que te levantes y no has dormido nada, desde hace varias noches no has pegado los ojos ¿insomnio? No lo creo, no tienes razón alguna para tenerlo. Estas sano, te alimentas bien, vas a la universidad, tienes buenas notas, tus padres te quieren y tu novia también, no tienes grandes preocupaciones, ¿qué más podrías desear?. Si lo piensas no tienes ninguna razón para no dormir bien. ¡Duerme! ¡Duérmete ahora!. Ya solo te quedan algunos minutos para que tu madre llegue y te despierte, para que desayunes y vayas a estudiar. La rutina de todos los días. Además la carrera que elegiste te agrada, quizá no tanto como hubieses deseado, pero estaba entre tus primeras opciones, sino no estarías ahí. Pero es por tu bien, al final tendrás tu título profesional y podrás independizarte, vivir solo o con tu novia en algún suburbano lugar, quizá casarte, tener hijos y un perro. Eso es felicidad ¿no lo crees así?
¡Silencio! ¡Silencio! Hazte el dormido para que tu mamá no se preocupe, para que pienses que eres feliz haciendo lo que haces... ¡Shhh! Que ahí viene, así es que date la vuelta.
- Hijo ya son las seis de la mañana... tienes que levantarte
- Sí mamá
Eso, muy bien, la voz de recién despertado te ha salido excelente, muy natural, yo creo que te ha creído. Ahora quédate en la cama unos cinco minutos mas, como retozando, para hacerlo más creíble. Ahora levántate y ve directo a la ducha, el agua te hará bien para la modorra. Anoche estudiaste hasta tarde y el agua te animará, para vivir otro día miserable más.
¡¡¿¿Qué??!! ¿Sientes el corazón oprimido? ¿Sientes algún dolor? ¿Es que te has dado cuenta que ya no sonríes? Tu madre también extraña lo mismo de ti, tu la has oído decírtelo. Hecha de menos esa alegría, ese vigor que tenias antes, esos deseos de llegar siempre mas allá. Pero está tan orgullosa de ti, se le nota. Y tu padre no deja de hablar de ti en su trabajo, si hasta dice que vas a ha ser el profesional de la familia ¿Frustrado? ¡Nah! Si no hay razón para estarlo. De todas maneras que importa que postergues tus sueños en pos de hacer feliz a tu familia. De todas maneras podrás pintar cuando quieras ¿Cierto? Vamos que ya llevas demasiado tiempo en la ducha, tienes que salirte ya o tu madre pensará que te sucede algo, pero no puedes decirle como te sientes porque no lo comprendería.
Ahora ve a tomarte el desayuno y vete pronto a la universidad que se te hace tarde. Súbete a la micro y llega a la sala de clases y siéntate en el puesto de siempre a escuchar al profesor a hablar del derecho constitucional o sobre la función de la contraloría general de la república. Todo eso quizá te sirva para tu futura carrera de abogado. ¡¡Qué!! ¿Quieres pintar? Lo siento pero no puedes, ya que se te hace tarde y debes irte. Las responsabilidades aplacarán cualquier deseo que tengas y cualquier sueño que hayas osado amasar. Ahora vete.
Por favor no seas tan patético como para pensar que estas mejor, no intentes pensar que no importa, porque no hay nada mas importante que tu mismo, pero eso deberías saberlo mejor que yo, ya que si tu no lo sabes es muy difícil que yo no lo sepa también, porque somos la misma horrible cosa, el mismo asqueroso engendro. Sé lo que sientes aun antes que me lo digas, o te lo digas a ti mismo. Yo escarbo en tus sentimientos, yo sé lo que piensas... ¿Qué? ¿Suicidio?. Aunque es una salida fácil, no es una idea tan desagradable. ¿Qué? ¿Qué pensará tu madre? ¡Ja! No seas patético ¿Es que acaso importa? ¡Claro que no! En primer lugar por personas como ella estas metido en esto en vez de estar pintando o haciendo alguna cosa que te guste mas... ¿Qué? ¿Ya no soportas mas, bebito? Pues salta, el Río está cerca, solo debes bajarte de la micro y saltar. En el peor de los casos te vas a fracturar una pierna. ¿Qué? ¿No quieres fallar? Entonces consíguete una cuerda y amárretela al cuello.
Ya, no seas cobarde y decídete de una vez, de todas maneras nadie va a echarte de menos. Eso es, bájate de la micro. ¿Tienes dinero? Dile a ese caballero, el del puesto de verduras, que te venda esa cuerda vieja que tiene ahí, a su lado. Listo, ahora hechála en tu mochila y camina por la orilla del río hasta el puente. Bien. ¿Qué? ¿Tienes miedo? No seas gallina. Si tomas una decisión debes seguirla hasta el final ¿No es así? Bien, mira ahí está el puente. Sube y amarra la cuerda disimuladamente en la baranda y hazle un lazo en la otra punta, como sea da igual, lo único importante es que te apriete llegado el momento. Ahora pásate el lazo por el cuello. Súbete a la baranda. Eso. Ahora salta. ¿Te gusta la sensación del viento en tu cara?. ¿Qué? ¿Si alguien te quería? Eso ya no importa mas...

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Re: ALEXANDER_DE_LARGE
El pueblo sin nombre...
Agonizaba el sol tras las montañas, dando finos y brillantes lengüetazos al cielo, tiñéndolo levemente de rojo, mientras la oscuridad, tramo a tramo, se apoderaba de cuanto se atravesaba por su camino, sumiéndolo todo en tenues tinieblas. Los bosques se volvían, entonces, sitios lúgubres y desde sus entrañas, extrañas criaturas se abrían paso retomando sus lugares en la sombra, en las copas de los árboles, entre las ramas, bajo cada piedra, en cada rincón. Las praderas, antes verdes, tornabanse grises y húmedas y se extendían infinitamente hasta perderse en la oscuridad o sobre algún cerro. Entonces, los salvajes espíritus elevaban, débiles, sus voces, y lentamente, con eufóricos gritos llenaban la acechante noche de terribles clamores exaltando los corazones cobardes. El sol, apenas visible, tras la alta cadena montañosa, aun luchaba por mantener aquellos últimos despojos de claridad, mientras, con garras afiladas, la obscuridad le arrebataba, con furia, los escasos trozos de cielo.
A esas horas, la ciudad cercana se teñía también de parduscos colores, que, agonizantes, se extinguían, como cenizas, entre los lóbregos callejones y peligrosos suburbios. Uno a uno, y con asombrosa sincronía se encendían los faroles, que, aunque, con sobrenatural esfuerzo lucharan gallardos contra la oscuridad, eran rápidamente devorados por las temibles fauces de la noche, que lo cubría todo. Hombres, mujeres y niños corrían presurosos a la seguridad de sus hogares. Ardían en sus chimeneas danzantes llamas amarillas y, sobre sus toscos muros de piedra, colgaban todo tipo de armas; sables, espadas, escopetas, pistolas, escudos, hachas. Después de tanto tiempo, el pánico aun se reflejaba en sus rostros pálidos y hambrientos, casi mortuorios, y la piel de sus huesos, descolorida y agrietada, se les pegaba a sus macilentos cuerpos desgarbados, sin embargo seguían esperando.
En la lejanía un aullido, que como eco interminable se repetía infinitamente en cada rincón del bosque, en la cima de las montañas, en las cuevas, en los valles, en las praderas, y como fúnebre augurio, paralizaba el corazón de los hombres haciéndolos temblar de miedo. Temerosos cogían, entonces, las armas de las paredes, temerosos se ocultaban tras los barrotes de las ventanas semiabiertas, observando, y esperaban ansiosamente el alba, aquel momento donde todo volvía a estar tranquilo, donde los verdes prados se extendían por doquier como un exaltado canto a la naturaleza la paz y la tranquilidad volvían a sus débiles corazones, dándoles un respiro. Pero no sin antes haber perdido a uno que otro habitante, uno que otro hijo, esposo o madre, victimas, todos, de aquellos seres innombrables que no dejaban pasar la noche sin devorar uno que otro habitante de aquel pueblo sin nombre.
Agonizaba el sol tras las montañas, dando finos y brillantes lengüetazos al cielo, tiñéndolo levemente de rojo, mientras la oscuridad, tramo a tramo, se apoderaba de cuanto se atravesaba por su camino, sumiéndolo todo en tenues tinieblas. Los bosques se volvían, entonces, sitios lúgubres y desde sus entrañas, extrañas criaturas se abrían paso retomando sus lugares en la sombra, en las copas de los árboles, entre las ramas, bajo cada piedra, en cada rincón. Las praderas, antes verdes, tornabanse grises y húmedas y se extendían infinitamente hasta perderse en la oscuridad o sobre algún cerro. Entonces, los salvajes espíritus elevaban, débiles, sus voces, y lentamente, con eufóricos gritos llenaban la acechante noche de terribles clamores exaltando los corazones cobardes. El sol, apenas visible, tras la alta cadena montañosa, aun luchaba por mantener aquellos últimos despojos de claridad, mientras, con garras afiladas, la obscuridad le arrebataba, con furia, los escasos trozos de cielo.
A esas horas, la ciudad cercana se teñía también de parduscos colores, que, agonizantes, se extinguían, como cenizas, entre los lóbregos callejones y peligrosos suburbios. Uno a uno, y con asombrosa sincronía se encendían los faroles, que, aunque, con sobrenatural esfuerzo lucharan gallardos contra la oscuridad, eran rápidamente devorados por las temibles fauces de la noche, que lo cubría todo. Hombres, mujeres y niños corrían presurosos a la seguridad de sus hogares. Ardían en sus chimeneas danzantes llamas amarillas y, sobre sus toscos muros de piedra, colgaban todo tipo de armas; sables, espadas, escopetas, pistolas, escudos, hachas. Después de tanto tiempo, el pánico aun se reflejaba en sus rostros pálidos y hambrientos, casi mortuorios, y la piel de sus huesos, descolorida y agrietada, se les pegaba a sus macilentos cuerpos desgarbados, sin embargo seguían esperando.
En la lejanía un aullido, que como eco interminable se repetía infinitamente en cada rincón del bosque, en la cima de las montañas, en las cuevas, en los valles, en las praderas, y como fúnebre augurio, paralizaba el corazón de los hombres haciéndolos temblar de miedo. Temerosos cogían, entonces, las armas de las paredes, temerosos se ocultaban tras los barrotes de las ventanas semiabiertas, observando, y esperaban ansiosamente el alba, aquel momento donde todo volvía a estar tranquilo, donde los verdes prados se extendían por doquier como un exaltado canto a la naturaleza la paz y la tranquilidad volvían a sus débiles corazones, dándoles un respiro. Pero no sin antes haber perdido a uno que otro habitante, uno que otro hijo, esposo o madre, victimas, todos, de aquellos seres innombrables que no dejaban pasar la noche sin devorar uno que otro habitante de aquel pueblo sin nombre.

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Re: ALEXANDER_DE_LARGE
Intolerancia
Mátalo! Mátalo! Parece que no ha tenido suficiente de ti, ni ella, ni esos dos de allá atrás. Quizá deberías dejarles un pequeño recuerdo de nuestra visita - uno de los hombres sonríe maliciosamente, dejando entrever los dientes amarillos y enmohecidos - Vamos, vamos no tengas tanto cuidado si ninguno de ellos es porcelana fina, da igual si rompes algo, da igual como queden, después de todo no son mas que desperdicios humanos, sombras y la desfiguración es la mejor opción en este momento. Si, ya se que parecen personas, pero son seres anormales, diferentes de ti o de mi, diferentes de todo el resto de nosotros, son monstruos - un grito, como un débil chillido - No tengas misericordia, recuerda lo que le hacen a la gente, a la nación, a nuestra comunidad, a la iglesia, a todos hasta a ti mismo.
Recuerdas como era todo sin ellos, como era todo para todos cuando ellos no estaban. Solo había paz y tranquilidad. No se escuchan sus chillidos, ni esas voces, ni el ambiente de nuestra vecindad estaba bañado de sus horrendos acentos, medio afeminados, medio inentendibles. Están manchados, tu lo sabes tanto como yo, sucios. Ellos nacieron para morir, para ser sacrificados como corderos a cualquier dios pagano que acepte esta escoria por ofrenda. Solo piensa un momento, nada mas un segundo - el sonido de un cuchillo penetrando la carne - te apuesto a que si ellos no aparecen al otro día todos te lo van a agradecer, con sus miradas, con sus gestos de aprobación. Porque de una u otra forma ellos sabrán que fuiste tu, porque todos sabían que este momento llegaría tarde o temprano y de cierta forma lo esperaban
Ves ya no gritan, ya no piden compasión. Son como perros, una vez que les demuestras quien es el amo, ya no reclaman más, ya no gimen. Así es que, mi querido amigo, disfruta tu victoria. Se te ha entregado el don de castigar a quienes merecen ser castigados, así es que aprovéchalo, de todas maneras no hay forma ni razón para que puedan recriminarte nada. Tu solo haces justicia, la justicia que nadie se atreve a hacer, que nadie se atrevió a tomar en sus manos - sangre por todos lados, los cuerpos desparramados - Ves fue sencillo, solo te queda ese pequeño... pequeña, que se yo que es ¿hombre? Nadie podría llamar hombre a eso ¿mujer? Quizá lo sea, pero que importa. De todas maneras lo importante no es el género al que pertenezca sino lo que representa. Engendros inmundos engendros eso es lo que son - gritos - Eso es, como es la última es la que mas debes disfrutar. Siente como el cuchillo recorre su carne blanca, como su cuerpo se contorsiona de dolor, como sufre. Porque es así como alguien como eso debe sufrir y tú no debes hacer otra cosa más que regocijarte. ¿Sientes su desesperación? Si, así esta bien, ahora el toque final - a lo lejos una sirena - Si... eso! No sientes cierto placer. Ese fue su último aliento y tú se lo has dado, debería agradecerte, le has quitado años y años de sufrimiento y discriminación. Somos sus salvadores, pero más tú que yo. Yo solo fui un observador, nada más. Ahora debemos irnos, viene la policía
- Pero si dijiste que entenderían, que todos admirarían mi obra, que todos me lo agradecerían -se mira las manos ensangrentadas - y esta es una gran obra
- Quédate si quieres yo me voy
- Me quedo, ellos comprenderán - mira los cuerpos descuartizados. Se cierra una puerta
- Atención! Salgan con las manos sobre la cabeza. El edificio esta rodeado - suelta el cuchillo que da varios golpes en el suelo
- Señor oficial, ya está hecho, ya no deben preocuparse por nada - sonríe
- Capitán! Son seis personas muertas, tres hombres y tres mujeres, dos son solo niños - le apuntan con sus armas
- Al suelo! - no ofrece resistencia - léanle sus derechos
- Pero señor oficial, usted no entiende, ellos no son personas... ellos son... - el capitán de un solo tirón lo levanta del suelo y lo hace entrar mientras le apunta con un rifle
- Dime que ves ahí! - le hace una señal a otro oficial - alumbren los cuerpos
- Veo... veo personas - y llora
Mátalo! Mátalo! Parece que no ha tenido suficiente de ti, ni ella, ni esos dos de allá atrás. Quizá deberías dejarles un pequeño recuerdo de nuestra visita - uno de los hombres sonríe maliciosamente, dejando entrever los dientes amarillos y enmohecidos - Vamos, vamos no tengas tanto cuidado si ninguno de ellos es porcelana fina, da igual si rompes algo, da igual como queden, después de todo no son mas que desperdicios humanos, sombras y la desfiguración es la mejor opción en este momento. Si, ya se que parecen personas, pero son seres anormales, diferentes de ti o de mi, diferentes de todo el resto de nosotros, son monstruos - un grito, como un débil chillido - No tengas misericordia, recuerda lo que le hacen a la gente, a la nación, a nuestra comunidad, a la iglesia, a todos hasta a ti mismo.
Recuerdas como era todo sin ellos, como era todo para todos cuando ellos no estaban. Solo había paz y tranquilidad. No se escuchan sus chillidos, ni esas voces, ni el ambiente de nuestra vecindad estaba bañado de sus horrendos acentos, medio afeminados, medio inentendibles. Están manchados, tu lo sabes tanto como yo, sucios. Ellos nacieron para morir, para ser sacrificados como corderos a cualquier dios pagano que acepte esta escoria por ofrenda. Solo piensa un momento, nada mas un segundo - el sonido de un cuchillo penetrando la carne - te apuesto a que si ellos no aparecen al otro día todos te lo van a agradecer, con sus miradas, con sus gestos de aprobación. Porque de una u otra forma ellos sabrán que fuiste tu, porque todos sabían que este momento llegaría tarde o temprano y de cierta forma lo esperaban
Ves ya no gritan, ya no piden compasión. Son como perros, una vez que les demuestras quien es el amo, ya no reclaman más, ya no gimen. Así es que, mi querido amigo, disfruta tu victoria. Se te ha entregado el don de castigar a quienes merecen ser castigados, así es que aprovéchalo, de todas maneras no hay forma ni razón para que puedan recriminarte nada. Tu solo haces justicia, la justicia que nadie se atreve a hacer, que nadie se atrevió a tomar en sus manos - sangre por todos lados, los cuerpos desparramados - Ves fue sencillo, solo te queda ese pequeño... pequeña, que se yo que es ¿hombre? Nadie podría llamar hombre a eso ¿mujer? Quizá lo sea, pero que importa. De todas maneras lo importante no es el género al que pertenezca sino lo que representa. Engendros inmundos engendros eso es lo que son - gritos - Eso es, como es la última es la que mas debes disfrutar. Siente como el cuchillo recorre su carne blanca, como su cuerpo se contorsiona de dolor, como sufre. Porque es así como alguien como eso debe sufrir y tú no debes hacer otra cosa más que regocijarte. ¿Sientes su desesperación? Si, así esta bien, ahora el toque final - a lo lejos una sirena - Si... eso! No sientes cierto placer. Ese fue su último aliento y tú se lo has dado, debería agradecerte, le has quitado años y años de sufrimiento y discriminación. Somos sus salvadores, pero más tú que yo. Yo solo fui un observador, nada más. Ahora debemos irnos, viene la policía
- Pero si dijiste que entenderían, que todos admirarían mi obra, que todos me lo agradecerían -se mira las manos ensangrentadas - y esta es una gran obra
- Quédate si quieres yo me voy
- Me quedo, ellos comprenderán - mira los cuerpos descuartizados. Se cierra una puerta
- Atención! Salgan con las manos sobre la cabeza. El edificio esta rodeado - suelta el cuchillo que da varios golpes en el suelo
- Señor oficial, ya está hecho, ya no deben preocuparse por nada - sonríe
- Capitán! Son seis personas muertas, tres hombres y tres mujeres, dos son solo niños - le apuntan con sus armas
- Al suelo! - no ofrece resistencia - léanle sus derechos
- Pero señor oficial, usted no entiende, ellos no son personas... ellos son... - el capitán de un solo tirón lo levanta del suelo y lo hace entrar mientras le apunta con un rifle
- Dime que ves ahí! - le hace una señal a otro oficial - alumbren los cuerpos
- Veo... veo personas - y llora

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Re: ALEXANDER_DE_LARGE
Ácido
- Hijo, deberías tomarte la vida un poco mas enserio, ya que no solo es estar con tus amigos y beber en las esquinas… la vida, hijo mío, implica responsabilidades, metas, desafíos, quizá hasta termines conociendo a alguna mujer que te convenga, que sea bonita, educada, hacendosa, como tu madre – el hombre, sentado en un gran sillón de cuero curtido con bellos encajes y finas terminaciones, miró de reojo a la mujer que, de espaldas a este, organizaba algunas cosas en la alacena – no como esa… esa… niña con la que “sales” – hizo un ademán de comillas con las manos no pudiendo evitar la mueca de asco que intento ocultar – yo se que me entiendes, hijo – el otro, el hijo, era un tipo macizo, de tez clara y ojos profundamente negros…
- Jajajajaj!!! Que sabes tu viejo de mierda…!! – lo increpó poniéndose de pie como si lo hubieran empujado del sillón, dio un par de zancadas en dirección a su padre, como amenazándolo, con la mirada y con las manos, las que agitaba alocadamente – Vete al demonio viejo patético!!! Ahora, después de todos estos años vienes a hablarme de estas cosas, como si lo hubieras hecho siempre, como si siempre hubieras sido un buen padre – aguantó la respiración por unos segundos, detuvo el aleteo, detuvo el tiempo. La madre salió de la cocina para ver que estaba sucediendo y al ver la discusión entro en un especie de shock nervioso – Viejo estúpido!!! – y el tipo avanzó en dirección a la puerta, solo deseaba salir de aquel lugar… solo pensaba en escapar. Su madre lloraba y su padre se ponía de pie para abrazarla y consolarla.
Alexander caminó, por rutas conocidas, tan lejos como lo llevaran sus pies, tan rápido como lo permitía su cuerpo sin correr. Sentía un nudo en la garganta, una opresión en el pecho… ira, una ira inmensa e incontenible. Su respiración era cada vez mas agitada y ansiosa, sentía ganas de mutilar, de cortar, de rebanar algo con sus manos, solo con el filo de sus manos, ser capaz de gritarlo y asesinar… si eso lo aliviaría, estaba seguro que eso seria su mejor remedio. Sin darse cuenta llegó a ese lugar tan familiar para él, sus pies, su inconciencia, su descontrol lo habían llevado justo al lugar donde le gustaría haber estado en esos momentos.
La casa era vieja, como cualquier otra casa inhabitada del centro, con sus muros a medio caer, con algunas ventanas rotas, pero tachonadas con varios trozos de madera. Alexander miró hacia dentro y golpeó una de las ventanas. Desde el segundo piso se asomó una cabeza exageradamente morena, con el pelo rizado y pegado ridículamente a su cráneo, balbuceó algunas palabras que poco se le entendían y desapareció en un par de segundos. Momentos después estaba frente a Alexander, mirándolo de reojo frente a la ventana tachonada que este había golpeado, al reconocerlo hizo un gesto solapado con la mano para que lo siguieran, y se dirigió a la puerta principal la que estaba cerrada con cadenas y un candado. Alexander esperaba, ya conocía el ritual. Desde adentro las cadenas parecían chocarse entre sí como si alguien forcejeara inútilmente con ellas. De pronto, cuando cedieron la puerta se entreabrió, y desde el interior de un lugar ensombrecido y desde el que apenas se distinguían las formas, se escucho una voz:
- Pasa imbécil, pasa – la voz siseaba como si le costara pronunciar las “S”, Alexander se apresuro y entro. – hace mucho tiempo que no te aparecías por acá, ya estaba pensando que habías dejado el vicio – el hombrecillo, oculto en la penumbra, rió. Alexander no podía disimular su asco por aquel ente… su repulsión
- No me sentía muy bien – dijo disimulando lo mas que pudo su ira – necesito algo fuerte y que me motive… dame tu mejor cóctel, necesito liberarme…
Siguió al hombrecillo por las pequeñas, opacas y lúgubres habitaciones de la casa. Todo parecía oculto tras un velo sombrío y gris. Aquel hombre, le parecía a Alexander, la cosa mas aberrante jamás escupida por el vientre de una mujer. El engendro no medía mas de 150 cms., expelía un hedor nauseabundo cada vez que hablaba, su piel casi negra, sus dientes desformes y amarillos, sus ojos desviados, lo convertían en un ser asqueroso a la vista. Afortunadamente, pensaba Alexander, jamás sale de este escondrijo.
- Justo estaba preparando algo que podría gustarte – parecía que el hombre, en su miseria solo quería burlarse, de que el pez que se le había escapado había vuelto a sus redes, y volvió a lanzar otra burlesca carcajada.
Comenzaron a subir una escalera roñosa y al llegar a la única habitación iluminada de la casa, el hombrecillo, le dijo a Alexander que lo esperara un momento, mientras el iba por la dosis, y atravesó una delgada cortina azul, donde solo se veía una multitud de luces de todos colores, algunas oscuras otras mas claras, que iluminaban, débilmente, pedazos del misterioso cuarto al otro lado de la cortina y desde el cual se desprendía el escuálido sonido de varios relojes. La habitación donde Alexander se quedó esperando al hombrecillo carecía de todo aquello de lo que había en su casa; bellas cortinas, finos muebles, televisores, y en su lugar solo había una pequeña mesa de madera carcomida en varias partes y un par de sillas dispuestas a modo de escritorio. Cuando el hombrecillo llego, trayendo consigo un par de jeringas, unos polvos embolsados y mechero, Alexander se puso de pie y se apresuro a ayudarlo, pero el enano solo le hizo un gesto para que sentara.
- Estas listo niñito rico? – dijo el enano despectivamente esbozando una sonrisa torcida, dejando que su dentadura desforme y pestilente, a la que le faltaban varios dientes, saliera a relucir – pero antes quiero mi dinero – Alexander sin contarlo siquiera, saco un fajo de billetes que le había robado a su padre y lo puso sobre la mesa.
- Espero que con esto alcance – el hombre lo miro de reojo y quedo satisfecho y comenzó a disponer todo sobre la mesa.
- Este cóctel te va a poner a mil, es una mezcla de Acido, Anfetaminas, Cocaína y Heroína – decía todo esto mientras sus diestras manos molían, picaban y calentaban la mezcla – no es letal ya que todo esta en pequeñas dosis, solo el LSD esta en concentración mas alta y … - Alexander lo hizo callar solo con la mirada
- Ya pague por ello, y no tienes que darme tantas explicaciones – el enano rió satisfecho y siguió preparando
Ya casi habían pasado 3 minutos cuando la mezcla estuvo lista y le hizo un gesto a Alexander para que le pasara su brazo, este solo se subió la camisa y se preparó para la ceremonia. Estaba ansioso, hace mucho que no lo hacía, no lo había necesitado, pero su padre tenía que decir esas estupideces y comportarse como un buen padre… con un maldito hijo de puta, la ira empezó a invadirlo una vez mas mientras el liquido comenzaba a circular por sus venas y su efecto se hacia sentir.
Su corazón palpitaba cada vez mas fuerte, su vista parece que se aclaraba y todo tomaba un sin fin de matices, pero la ansiedad no disminuía, haciéndose cada vez mayor, parecía que su mente estaba mas clara, pero la ira crecía mas y mas hasta que se puso de pie y comenzó a pasearse de un lado a otro de la habitación, se sentía incontenible, poderoso, bravo y cuando el hombrecillo hablo supo lo que tenía que hacer para calmarse. Siempre lo supo, sin embargo no era capaz de asimilarlo, mas ahora que todas las trabas morales y existenciales habían desaparecido era libre de hacerlo. Se acercó al hombrecillo, airoso. Este pronunció algunas palabras de amenazas que Alexander no alcanzó a escuchar, entonces cogió una de las sillas entre sus manos y se fue directo al enano, golpeándolo en la cabeza para dejarlo inconciente, pero la ira no se iba y solo crecía cada vez mas, entonces siguió pegándole hasta que la silla se partió en varios pedazos y los sesos de ese enano tan asqueroso y repulsivo quedaron desparramados por el piso. Después de eso, con la camisa ensangrentada y algunos trozos de seso pegados en la ropa y las zapatillas, salió dispuesto a enfrentar a su padre…
- Hijo, deberías tomarte la vida un poco mas enserio, ya que no solo es estar con tus amigos y beber en las esquinas… la vida, hijo mío, implica responsabilidades, metas, desafíos, quizá hasta termines conociendo a alguna mujer que te convenga, que sea bonita, educada, hacendosa, como tu madre – el hombre, sentado en un gran sillón de cuero curtido con bellos encajes y finas terminaciones, miró de reojo a la mujer que, de espaldas a este, organizaba algunas cosas en la alacena – no como esa… esa… niña con la que “sales” – hizo un ademán de comillas con las manos no pudiendo evitar la mueca de asco que intento ocultar – yo se que me entiendes, hijo – el otro, el hijo, era un tipo macizo, de tez clara y ojos profundamente negros…
- Jajajajaj!!! Que sabes tu viejo de mierda…!! – lo increpó poniéndose de pie como si lo hubieran empujado del sillón, dio un par de zancadas en dirección a su padre, como amenazándolo, con la mirada y con las manos, las que agitaba alocadamente – Vete al demonio viejo patético!!! Ahora, después de todos estos años vienes a hablarme de estas cosas, como si lo hubieras hecho siempre, como si siempre hubieras sido un buen padre – aguantó la respiración por unos segundos, detuvo el aleteo, detuvo el tiempo. La madre salió de la cocina para ver que estaba sucediendo y al ver la discusión entro en un especie de shock nervioso – Viejo estúpido!!! – y el tipo avanzó en dirección a la puerta, solo deseaba salir de aquel lugar… solo pensaba en escapar. Su madre lloraba y su padre se ponía de pie para abrazarla y consolarla.
Alexander caminó, por rutas conocidas, tan lejos como lo llevaran sus pies, tan rápido como lo permitía su cuerpo sin correr. Sentía un nudo en la garganta, una opresión en el pecho… ira, una ira inmensa e incontenible. Su respiración era cada vez mas agitada y ansiosa, sentía ganas de mutilar, de cortar, de rebanar algo con sus manos, solo con el filo de sus manos, ser capaz de gritarlo y asesinar… si eso lo aliviaría, estaba seguro que eso seria su mejor remedio. Sin darse cuenta llegó a ese lugar tan familiar para él, sus pies, su inconciencia, su descontrol lo habían llevado justo al lugar donde le gustaría haber estado en esos momentos.
La casa era vieja, como cualquier otra casa inhabitada del centro, con sus muros a medio caer, con algunas ventanas rotas, pero tachonadas con varios trozos de madera. Alexander miró hacia dentro y golpeó una de las ventanas. Desde el segundo piso se asomó una cabeza exageradamente morena, con el pelo rizado y pegado ridículamente a su cráneo, balbuceó algunas palabras que poco se le entendían y desapareció en un par de segundos. Momentos después estaba frente a Alexander, mirándolo de reojo frente a la ventana tachonada que este había golpeado, al reconocerlo hizo un gesto solapado con la mano para que lo siguieran, y se dirigió a la puerta principal la que estaba cerrada con cadenas y un candado. Alexander esperaba, ya conocía el ritual. Desde adentro las cadenas parecían chocarse entre sí como si alguien forcejeara inútilmente con ellas. De pronto, cuando cedieron la puerta se entreabrió, y desde el interior de un lugar ensombrecido y desde el que apenas se distinguían las formas, se escucho una voz:
- Pasa imbécil, pasa – la voz siseaba como si le costara pronunciar las “S”, Alexander se apresuro y entro. – hace mucho tiempo que no te aparecías por acá, ya estaba pensando que habías dejado el vicio – el hombrecillo, oculto en la penumbra, rió. Alexander no podía disimular su asco por aquel ente… su repulsión
- No me sentía muy bien – dijo disimulando lo mas que pudo su ira – necesito algo fuerte y que me motive… dame tu mejor cóctel, necesito liberarme…
Siguió al hombrecillo por las pequeñas, opacas y lúgubres habitaciones de la casa. Todo parecía oculto tras un velo sombrío y gris. Aquel hombre, le parecía a Alexander, la cosa mas aberrante jamás escupida por el vientre de una mujer. El engendro no medía mas de 150 cms., expelía un hedor nauseabundo cada vez que hablaba, su piel casi negra, sus dientes desformes y amarillos, sus ojos desviados, lo convertían en un ser asqueroso a la vista. Afortunadamente, pensaba Alexander, jamás sale de este escondrijo.
- Justo estaba preparando algo que podría gustarte – parecía que el hombre, en su miseria solo quería burlarse, de que el pez que se le había escapado había vuelto a sus redes, y volvió a lanzar otra burlesca carcajada.
Comenzaron a subir una escalera roñosa y al llegar a la única habitación iluminada de la casa, el hombrecillo, le dijo a Alexander que lo esperara un momento, mientras el iba por la dosis, y atravesó una delgada cortina azul, donde solo se veía una multitud de luces de todos colores, algunas oscuras otras mas claras, que iluminaban, débilmente, pedazos del misterioso cuarto al otro lado de la cortina y desde el cual se desprendía el escuálido sonido de varios relojes. La habitación donde Alexander se quedó esperando al hombrecillo carecía de todo aquello de lo que había en su casa; bellas cortinas, finos muebles, televisores, y en su lugar solo había una pequeña mesa de madera carcomida en varias partes y un par de sillas dispuestas a modo de escritorio. Cuando el hombrecillo llego, trayendo consigo un par de jeringas, unos polvos embolsados y mechero, Alexander se puso de pie y se apresuro a ayudarlo, pero el enano solo le hizo un gesto para que sentara.
- Estas listo niñito rico? – dijo el enano despectivamente esbozando una sonrisa torcida, dejando que su dentadura desforme y pestilente, a la que le faltaban varios dientes, saliera a relucir – pero antes quiero mi dinero – Alexander sin contarlo siquiera, saco un fajo de billetes que le había robado a su padre y lo puso sobre la mesa.
- Espero que con esto alcance – el hombre lo miro de reojo y quedo satisfecho y comenzó a disponer todo sobre la mesa.
- Este cóctel te va a poner a mil, es una mezcla de Acido, Anfetaminas, Cocaína y Heroína – decía todo esto mientras sus diestras manos molían, picaban y calentaban la mezcla – no es letal ya que todo esta en pequeñas dosis, solo el LSD esta en concentración mas alta y … - Alexander lo hizo callar solo con la mirada
- Ya pague por ello, y no tienes que darme tantas explicaciones – el enano rió satisfecho y siguió preparando
Ya casi habían pasado 3 minutos cuando la mezcla estuvo lista y le hizo un gesto a Alexander para que le pasara su brazo, este solo se subió la camisa y se preparó para la ceremonia. Estaba ansioso, hace mucho que no lo hacía, no lo había necesitado, pero su padre tenía que decir esas estupideces y comportarse como un buen padre… con un maldito hijo de puta, la ira empezó a invadirlo una vez mas mientras el liquido comenzaba a circular por sus venas y su efecto se hacia sentir.
Su corazón palpitaba cada vez mas fuerte, su vista parece que se aclaraba y todo tomaba un sin fin de matices, pero la ansiedad no disminuía, haciéndose cada vez mayor, parecía que su mente estaba mas clara, pero la ira crecía mas y mas hasta que se puso de pie y comenzó a pasearse de un lado a otro de la habitación, se sentía incontenible, poderoso, bravo y cuando el hombrecillo hablo supo lo que tenía que hacer para calmarse. Siempre lo supo, sin embargo no era capaz de asimilarlo, mas ahora que todas las trabas morales y existenciales habían desaparecido era libre de hacerlo. Se acercó al hombrecillo, airoso. Este pronunció algunas palabras de amenazas que Alexander no alcanzó a escuchar, entonces cogió una de las sillas entre sus manos y se fue directo al enano, golpeándolo en la cabeza para dejarlo inconciente, pero la ira no se iba y solo crecía cada vez mas, entonces siguió pegándole hasta que la silla se partió en varios pedazos y los sesos de ese enano tan asqueroso y repulsivo quedaron desparramados por el piso. Después de eso, con la camisa ensangrentada y algunos trozos de seso pegados en la ropa y las zapatillas, salió dispuesto a enfrentar a su padre…

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Re: ALEXANDER_DE_LARGE
MIS ULTIMAS PALABRAS.
Nunca he sido bueno tolerando las pérdidas, el dolor, la decepción… ni siquiera las lagrimas. No las tolero ni en mi mismo ni en los demás. Es por eso que ahora me encuentro aquí, sentado frente al televisor exhalando el humo de mi último cigarrillo, bebiendo mi última copa de brandy mientras escupo en este papel en blanco mis últimas palabras. Sonara a despedida rancia, a melancolía mal tragada, a licor sin añejar. Mas no me canso de repetirlo una y otra vez, las mismas palabras. Si, las mismas. Como miasmas demoníacos escupiré aquí mis ultimas decepciones, mis malignas y pútridas decepciones. Al ritmo incesante con que mi cabeza las repite. Como reptiles.
Nací patético, ahogado en mi propia sangre. Escupido y nauseabundo. Borracho de licores que no podía beber, en palabras que no era capaz de pronunciar ni transcribir. Así llegue, medio muerto, suicidándome en mi nacimiento, sin desear inhalar una sola gota de aire, por mucho que los médicos se esforzaran y me golpearan. Después de algunas horas de incansable trabajo lograron hacerme respirar. Lleno de tubos, de gente que me manoseaba de un lugar a otro como si yo fuese un bulto… lo recuerdo.
Después de eso mi vida no fue mejor, el aire que respiraba se me hacía nauseabundo, pero me convencieron de experimentar lo que el mundo era.”Es hermoso, es bello, lleno esta de matices y colores” – me decían. Solo me mostraban su belleza, sus candores, sus colores llenos de armonías y asonancias. Nada había más maravilloso. Hasta que lejos del seno familiar comencé a ver toda aquella fealdad, nauseabunda, asquerosa, de la que el mundo estaba hecho. Entonces comprendí y recordé. Cuando mi madre me cantaba canciones, cuando mi padre me protegía del peligro, cuando mis abuelos y otros familiares me enseñaban y mostraban todo desde su visión tan conformista, tan plana, tan engañada y llena de matices extraordinarios. Las voces, que desde mi nacimiento me habían atormentado, que me instaban a morir y escapar, se habían ocultado en lo más profundo de mi oscuridad, agazapadas, esperando el momento de volver a hablarme.
Fue cuando apenas tenía 12 años el momento en que volvieron a aparecer. Eran primero leves susurros, leves sonidos imperceptibles los que me murmuraban cosas. De pronto las desapariciones. Los borrones de memoria. Y las víctimas; gatos, perros, pájaros, animales que encontraba en la calle, animales que de alguna forma llegaban a mis manos y no volvían ver la luz. Al comienzo pensaba o, mejor dicho, no entendía que era lo que sucedía hasta que un día, después de un despertar repentino motivado por un ruido estridente, me vi descuartizando el cadáver de lo que parecía haber sido un gato. Yo, todo ensangrentado, sin entender nada ¿Cómo era posible que no me hubiese dado cuenta? Mis padres me lo habían ocultado durante mucho tiempo… mis padres, esos padres que aun deseaban mantener esa visión, para mí, agria y desagradable de las cosas y, evitar así, que su mundo tan hermoso se cayera a pedazos.
Decore mi habitación como mi vida. Lúgubre y sangrienta. Me deje guiar por aquellas voces porque para mi eran la única verdad, las únicas que tenían la razón y me aleje de la gente, de mi familia, de toda persona que quiso estar junto a mí. Encerrándome por varios días en mi cuarto a oscuras, sin comer, sin dormir, solo enloqueciendo, hasta que escape y no volví a ver a nadie mas. Todo, todos se volvieron cosas, borrosas manchas que circulaban de un lugar a otro. Yo solo vivía para aquellas voces que me llenaban, me alimentaba de basura y putrefacciones en la calle… golpeaba, violaba y robaba para sobrevivir, como un animal, como una asquerosa bestia sacada de quizá que suburbio subterráneo o infierno. Hasta que un día, mientras realizaba mis fechorías, tome en la oscuridad a una mujer que caminaba. Ella gritaba, se desvanecía en llanto, su voz se quebraba y mis voces y yo nos deleitábamos en su dolor, en sus lágrimas, no era la primera vez que habíamos disfrutado algo así. Sin embargo algo cambio. Cuando la luz se posó sobre sus ojos, iluminado su rostro por las tenues luces de los faros, algo sentí. Su belleza me estremeció y, en ese segundo en que la contemple, antes de violarla, antes de que fuera devorada por las fauces de los animales que me poseen, antes de que furiosas mis voces le quitaran su último aliento, la ame. Fue fugaz, solo un destello, mas es suficiente para darme cuenta que sin ella no puedo vivir…
Nunca he sido bueno tolerando las pérdidas, el dolor, la decepción… ni siquiera las lagrimas. No las tolero ni en mi mismo ni en los demás. Es por eso que ahora me encuentro aquí, sentado frente al televisor exhalando el humo de mi último cigarrillo, bebiendo mi última copa de brandy mientras escupo en este papel en blanco mis últimas palabras. Sonara a despedida rancia, a melancolía mal tragada, a licor sin añejar. Mas no me canso de repetirlo una y otra vez, las mismas palabras. Si, las mismas. Como miasmas demoníacos escupiré aquí mis ultimas decepciones, mis malignas y pútridas decepciones. Al ritmo incesante con que mi cabeza las repite. Como reptiles.
Nací patético, ahogado en mi propia sangre. Escupido y nauseabundo. Borracho de licores que no podía beber, en palabras que no era capaz de pronunciar ni transcribir. Así llegue, medio muerto, suicidándome en mi nacimiento, sin desear inhalar una sola gota de aire, por mucho que los médicos se esforzaran y me golpearan. Después de algunas horas de incansable trabajo lograron hacerme respirar. Lleno de tubos, de gente que me manoseaba de un lugar a otro como si yo fuese un bulto… lo recuerdo.
Después de eso mi vida no fue mejor, el aire que respiraba se me hacía nauseabundo, pero me convencieron de experimentar lo que el mundo era.”Es hermoso, es bello, lleno esta de matices y colores” – me decían. Solo me mostraban su belleza, sus candores, sus colores llenos de armonías y asonancias. Nada había más maravilloso. Hasta que lejos del seno familiar comencé a ver toda aquella fealdad, nauseabunda, asquerosa, de la que el mundo estaba hecho. Entonces comprendí y recordé. Cuando mi madre me cantaba canciones, cuando mi padre me protegía del peligro, cuando mis abuelos y otros familiares me enseñaban y mostraban todo desde su visión tan conformista, tan plana, tan engañada y llena de matices extraordinarios. Las voces, que desde mi nacimiento me habían atormentado, que me instaban a morir y escapar, se habían ocultado en lo más profundo de mi oscuridad, agazapadas, esperando el momento de volver a hablarme.
Fue cuando apenas tenía 12 años el momento en que volvieron a aparecer. Eran primero leves susurros, leves sonidos imperceptibles los que me murmuraban cosas. De pronto las desapariciones. Los borrones de memoria. Y las víctimas; gatos, perros, pájaros, animales que encontraba en la calle, animales que de alguna forma llegaban a mis manos y no volvían ver la luz. Al comienzo pensaba o, mejor dicho, no entendía que era lo que sucedía hasta que un día, después de un despertar repentino motivado por un ruido estridente, me vi descuartizando el cadáver de lo que parecía haber sido un gato. Yo, todo ensangrentado, sin entender nada ¿Cómo era posible que no me hubiese dado cuenta? Mis padres me lo habían ocultado durante mucho tiempo… mis padres, esos padres que aun deseaban mantener esa visión, para mí, agria y desagradable de las cosas y, evitar así, que su mundo tan hermoso se cayera a pedazos.
Decore mi habitación como mi vida. Lúgubre y sangrienta. Me deje guiar por aquellas voces porque para mi eran la única verdad, las únicas que tenían la razón y me aleje de la gente, de mi familia, de toda persona que quiso estar junto a mí. Encerrándome por varios días en mi cuarto a oscuras, sin comer, sin dormir, solo enloqueciendo, hasta que escape y no volví a ver a nadie mas. Todo, todos se volvieron cosas, borrosas manchas que circulaban de un lugar a otro. Yo solo vivía para aquellas voces que me llenaban, me alimentaba de basura y putrefacciones en la calle… golpeaba, violaba y robaba para sobrevivir, como un animal, como una asquerosa bestia sacada de quizá que suburbio subterráneo o infierno. Hasta que un día, mientras realizaba mis fechorías, tome en la oscuridad a una mujer que caminaba. Ella gritaba, se desvanecía en llanto, su voz se quebraba y mis voces y yo nos deleitábamos en su dolor, en sus lágrimas, no era la primera vez que habíamos disfrutado algo así. Sin embargo algo cambio. Cuando la luz se posó sobre sus ojos, iluminado su rostro por las tenues luces de los faros, algo sentí. Su belleza me estremeció y, en ese segundo en que la contemple, antes de violarla, antes de que fuera devorada por las fauces de los animales que me poseen, antes de que furiosas mis voces le quitaran su último aliento, la ame. Fue fugaz, solo un destello, mas es suficiente para darme cuenta que sin ella no puedo vivir…

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Re: ALEXANDER_DE_LARGE
El polvo oscuro.
La luna menguaba y el alba amenazaba con aparecer de repente, delatándome. La oscuridad no contribuía a que el incendio pasara desapercibido, sin embargo me ocultaba, ocultaba mis huellas, mis olores. Pero el alba, ¡maldita! ¿Por qué no podías desvanecerte? ¿Por qué no esconderte para siempre? Si tan solo pudiera ocultarme de ti un segundo, y asediarte, acecharte en medio de la oscuridad infinita y traidoramente quitarte la vida, como ha aquellas pérfidas, libertinas putas, cuyos calcinados huesos yacen ahora bajo los sucios escombros de su maloliente, pútrido, podrido, infestado de alimañas, mancillado nido de ratas.
La luna menguaba y el alba amenazaba con aparecer de repente, delatándome. La oscuridad no contribuía a que el incendio pasara desapercibido, sin embargo me ocultaba, ocultaba mis huellas, mis olores. Pero el alba, ¡maldita! ¿Por qué no podías desvanecerte? ¿Por qué no esconderte para siempre? Si tan solo pudiera ocultarme de ti un segundo, y asediarte, acecharte en medio de la oscuridad infinita y traidoramente quitarte la vida, como ha aquellas pérfidas, libertinas putas, cuyos calcinados huesos yacen ahora bajo los sucios escombros de su maloliente, pútrido, podrido, infestado de alimañas, mancillado nido de ratas.

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Re: ALEXANDER_DE_LARGE
El caminante.
Salí a caminar ese día, como tantas veces ya, como tantas. Nada extraordinario pasaría, como siempre. Los mismos árboles y alamedas, los buses, los coches, las calles con sus faroles titilantes, la noche gris sin luna. De pronto, los gritos desesperados de una mujer, la sangre, ese olor agridulce en mi camisa nueva, mi boca enrojecida y metalizada, su piel blanca y tersa, mi fiel navaja rebanándola. Después de eso, nada, solo rutina.
Salí a caminar ese día, como tantas veces ya, como tantas. Nada extraordinario pasaría, como siempre. Los mismos árboles y alamedas, los buses, los coches, las calles con sus faroles titilantes, la noche gris sin luna. De pronto, los gritos desesperados de una mujer, la sangre, ese olor agridulce en mi camisa nueva, mi boca enrojecida y metalizada, su piel blanca y tersa, mi fiel navaja rebanándola. Después de eso, nada, solo rutina.

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Re: ALEXANDER_DE_LARGE
EL ANGEL Y LOS DEMONIOS
El ángel apenas respiraba, estaba agotado, los azotes habían sido mucho más de lo que él, con toda su omnipotencia y portento, podía soportar. Los demonios, acostumbrados a la tortura, el crimen, los castigos, sabían muy bien donde y como golpearlo. Además en aquellos lugares lúgubres y donde parecía que brillaba la ausencia de toda paz y amor, no era complicado caer en la desolación mas profunda y dolorosa.
El ángel, al comienzo, cuando apenas había atravesado las puertas del Infierno para entregar el mensaje que se le había encomendado, nunca imagino que sería sometido a tal vejación. El ángel, al comienzo, pensaba para si mismo que Dios, al notar su ausencia y lo mucho que se tardaba en llegar con su respuesta, enviaría a un ejercito en su búsqueda, pero nada, ni un solo ángel, ni un solo emisario venía a buscarlo, a pesar del tiempo que había pasado. Durante los primeros años el ángel, fiel a su misión y a Dios, mantuvo su fe intacta y a pesar de estar amarrado sobre fuego eterno, no cedió ni a la presión ni a los azotes propinados. En su mente rezaba y oraba con devoción creyendo firmemente que Dios no lo abandonaría y que él, el omnipotente su Señor y pastor, tenía un plan para todo y para todos aunque él, un ángel entre tantos, no fuera capaz de comprenderlo completamente. Durante cinco años creyó firmemente en Dios y en todo lo que le habían enseñado y en todo lo que había vivido sin flaquear un solo instante aunque las vejaciones, violaciones, torturas no cesaron ni un momento, él no flaqueo. Sin embargo un día, al sentirse tan desamparado y solo, al sentir que la presencia de Dios no era capaz de traspasar aquellos ardientes muros debajo de la tierra, cedió cansado de tanto dolor y miseria interior. Entonces desde sus alas ensangrentadas se desprendió el mensaje, el que aun no había sido entregado, era un sobre blanco que cayó cual pluma sobre el fuego, sin quemarse. Uno de los demonios torturadores tomo el sobre y se lo llevó a quien estaba a cargo. Este lo abrió y leyó en voz alta para que todos lo escucharan, y su voz retumbó como cientos de temblores entre los muros, desprendiendo grandes trozos de roca que caían a la lava ardiente, soltando las lenguas de fuego que tenían aprisionadas. “A LOS MORADORES DEL INFIERNO” – leyó – “LES ENVIO A ESTE ÁNGEL QUE NUNCA SUPO AMARME COMO DEBO SER AMADO”. El ángel esperaba, al escuchar el tan preciado mensaje, las risotadas malsanas de los demonios, los veía revolcarse en la desgracia ajena como cerdos retozones, alegres, y sufrió enormemente y sintió un dolor nunca antes sentido y ya resignado a su desventura comenzó a llorar y su llanto se hizo doloroso y amargo, haciéndole un nudo en la garganta. Pero los demonios solo guardaban silencio y se miraban unos a otros cruzando sus miradas. Entonces uno se acercó al ángel y palmoteo su espalda para calmarlo, otro soltó sus cadenas y comenzó a curar sus heridas…
El ángel apenas respiraba, estaba agotado, los azotes habían sido mucho más de lo que él, con toda su omnipotencia y portento, podía soportar. Los demonios, acostumbrados a la tortura, el crimen, los castigos, sabían muy bien donde y como golpearlo. Además en aquellos lugares lúgubres y donde parecía que brillaba la ausencia de toda paz y amor, no era complicado caer en la desolación mas profunda y dolorosa.
El ángel, al comienzo, cuando apenas había atravesado las puertas del Infierno para entregar el mensaje que se le había encomendado, nunca imagino que sería sometido a tal vejación. El ángel, al comienzo, pensaba para si mismo que Dios, al notar su ausencia y lo mucho que se tardaba en llegar con su respuesta, enviaría a un ejercito en su búsqueda, pero nada, ni un solo ángel, ni un solo emisario venía a buscarlo, a pesar del tiempo que había pasado. Durante los primeros años el ángel, fiel a su misión y a Dios, mantuvo su fe intacta y a pesar de estar amarrado sobre fuego eterno, no cedió ni a la presión ni a los azotes propinados. En su mente rezaba y oraba con devoción creyendo firmemente que Dios no lo abandonaría y que él, el omnipotente su Señor y pastor, tenía un plan para todo y para todos aunque él, un ángel entre tantos, no fuera capaz de comprenderlo completamente. Durante cinco años creyó firmemente en Dios y en todo lo que le habían enseñado y en todo lo que había vivido sin flaquear un solo instante aunque las vejaciones, violaciones, torturas no cesaron ni un momento, él no flaqueo. Sin embargo un día, al sentirse tan desamparado y solo, al sentir que la presencia de Dios no era capaz de traspasar aquellos ardientes muros debajo de la tierra, cedió cansado de tanto dolor y miseria interior. Entonces desde sus alas ensangrentadas se desprendió el mensaje, el que aun no había sido entregado, era un sobre blanco que cayó cual pluma sobre el fuego, sin quemarse. Uno de los demonios torturadores tomo el sobre y se lo llevó a quien estaba a cargo. Este lo abrió y leyó en voz alta para que todos lo escucharan, y su voz retumbó como cientos de temblores entre los muros, desprendiendo grandes trozos de roca que caían a la lava ardiente, soltando las lenguas de fuego que tenían aprisionadas. “A LOS MORADORES DEL INFIERNO” – leyó – “LES ENVIO A ESTE ÁNGEL QUE NUNCA SUPO AMARME COMO DEBO SER AMADO”. El ángel esperaba, al escuchar el tan preciado mensaje, las risotadas malsanas de los demonios, los veía revolcarse en la desgracia ajena como cerdos retozones, alegres, y sufrió enormemente y sintió un dolor nunca antes sentido y ya resignado a su desventura comenzó a llorar y su llanto se hizo doloroso y amargo, haciéndole un nudo en la garganta. Pero los demonios solo guardaban silencio y se miraban unos a otros cruzando sus miradas. Entonces uno se acercó al ángel y palmoteo su espalda para calmarlo, otro soltó sus cadenas y comenzó a curar sus heridas…

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Re: ALEXANDER_DE_LARGE
LOS MARGINADOS
Dispare, hasta vaciar por completo mi arma, hasta que mi frustración había desaparecido casi por completo, hasta que el cuerpo de ese niño de unos doce años de edad quedo tendido en el suelo y sin esperanzas. Todas las esperanzas que se habían cifrado en él, toda la posibilidad de ser algo más que un niño de doce años había desaparecido. Había muerto el futuro doctor, el abogado, el arquitecto y yo podía darme por satisfecho, porque yo no los necesitaba como ellos tampoco me necesitaban a mi.
Estaba harto, cansado de que me señalaran con el dedo y se rieran de mi, de mi familia, de mi barrio, de mi mendicidad. Que van a entender ellos, niños ricos, con sus padres que los van a buscar cada día en esos autos del año, con sus ropas y zapatos a la moda, mientras yo, y los de mi clase, vivimos con las sobras que reciben no sus sirvientes, ni empleados, sino que los despojos que encontramos en la calle. Mientras ellos retozan en sus millones y toman vacaciones fuera del país, mientras nos tratan peor que la basura que botan, si les pedimos una moneda se ríen de nosotros porque no saben que es pasar hambre o frío, ya que siempre tienen que comer y donde dormir y son criados para tratarnos como nos tratan, tan indignamente.
Cada niño que maté y violé, cada persona que maltraté y asesiné fue solo para demostrar que nosotros, los que vivimos bajo los puentes, en las alcantarillas, en las casas construidas de escombros, también somos gente digna y que tenemos las mismas posibilidades de morir que ellos, que nuestras vidas son igual de vulnerables y frágiles, que la vida no está comprada por nadie no importa cuanto dinero se tenga, ni que tan alto se haya escalado en la vida.
¿Qué si lo disfrute? Claro que lo hice, con cada victima. Porque era la única forma de demostrar que su vida vale tanto como la de nosotros. No, yo pienso que no me equivoque, era mi forma de decir las cosas. ¿O acaso ellos cuando sus padres, con sus grandes empresas, suben los precios de nuestros alimentos piensan que se equivocaron? No. He visto a muchos amigos morir de hambre o congelados en la noche por lo frío del clima y ni siquiera hemos podido darle una sepultura digna. No, no me arrepiento de nada de lo que hice.
¿Si siento miedo? Como cualquier persona le tengo miedo a la muerte, pero se que deje mi huella y que se van a acordar de mi mensaje, puede que cuando me electrocuten me olviden, pero no olvidaran lo que hice ni porque.
Dispare, hasta vaciar por completo mi arma, hasta que mi frustración había desaparecido casi por completo, hasta que el cuerpo de ese niño de unos doce años de edad quedo tendido en el suelo y sin esperanzas. Todas las esperanzas que se habían cifrado en él, toda la posibilidad de ser algo más que un niño de doce años había desaparecido. Había muerto el futuro doctor, el abogado, el arquitecto y yo podía darme por satisfecho, porque yo no los necesitaba como ellos tampoco me necesitaban a mi.
Estaba harto, cansado de que me señalaran con el dedo y se rieran de mi, de mi familia, de mi barrio, de mi mendicidad. Que van a entender ellos, niños ricos, con sus padres que los van a buscar cada día en esos autos del año, con sus ropas y zapatos a la moda, mientras yo, y los de mi clase, vivimos con las sobras que reciben no sus sirvientes, ni empleados, sino que los despojos que encontramos en la calle. Mientras ellos retozan en sus millones y toman vacaciones fuera del país, mientras nos tratan peor que la basura que botan, si les pedimos una moneda se ríen de nosotros porque no saben que es pasar hambre o frío, ya que siempre tienen que comer y donde dormir y son criados para tratarnos como nos tratan, tan indignamente.
Cada niño que maté y violé, cada persona que maltraté y asesiné fue solo para demostrar que nosotros, los que vivimos bajo los puentes, en las alcantarillas, en las casas construidas de escombros, también somos gente digna y que tenemos las mismas posibilidades de morir que ellos, que nuestras vidas son igual de vulnerables y frágiles, que la vida no está comprada por nadie no importa cuanto dinero se tenga, ni que tan alto se haya escalado en la vida.
¿Qué si lo disfrute? Claro que lo hice, con cada victima. Porque era la única forma de demostrar que su vida vale tanto como la de nosotros. No, yo pienso que no me equivoque, era mi forma de decir las cosas. ¿O acaso ellos cuando sus padres, con sus grandes empresas, suben los precios de nuestros alimentos piensan que se equivocaron? No. He visto a muchos amigos morir de hambre o congelados en la noche por lo frío del clima y ni siquiera hemos podido darle una sepultura digna. No, no me arrepiento de nada de lo que hice.
¿Si siento miedo? Como cualquier persona le tengo miedo a la muerte, pero se que deje mi huella y que se van a acordar de mi mensaje, puede que cuando me electrocuten me olviden, pero no olvidaran lo que hice ni porque.

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Re: ALEXANDER_DE_LARGE
El Arzobispo.
Ahora todo parecía arremolinarse en la cabeza del sacerdote, como una veloz vorágine que, de forma aterradora, daba vueltas por su cabeza desenfrenadamente. Trató tantas veces de darle la “perspectiva correcta” a todo el asunto, trató de detenerse, detener los impulsos que lo llevaban a cometer tales actos. Sin embargo nada parecía ser lo suficientemente efectivo para que él, un arzobispo, de aquel pequeño pueblo, en aquel desdichado y desamparado lugar, dejara de beber y perder la conciencia. Se había ya perdido el respeto a si mismo. Ya no era capaz de pararse en el palco y decirles a sus feligreses que rezaran para salvar su alma, porque la suya estaba condenada.
Era un domingo 24 de septiembre de 1924, el sacerdote salió religiosamente al palco, lleno de solemnidad, con ese aire de superioridad que había adquirido con el hábito y su nombramiento de arzobispo, llevó cada una de las cosas necesarias para el rito, la copa de vino, el pan que es el cuerpo de cristo, velas, porque esa ocasión seria especial. En aquel pueblo celebrarían la noche de la Santa Virgen de las Virtudes. Internamente se había preparado, había preparado también un elocuente discurso sobre lo bueno que era seguir el camino de dios y sus senderos. Todos esperaban ansiosos, ya que sabían cuanto motivaban aquellos discursos y cuanto los llenaban de esperanza, a cada uno de ellos. Por esta razón todo el pueblo quedaba vacío cada vez que se celebraba alguno de estos acontecimientos, esperando ansiosos sus palabras tan inspiradas, sobretodo porque eran proferidas por una de las máximas autoridades eclesiásticas a la que un pueblucho como ese podía aspirar, y de alguna forma sabían o mas bien sentían que todo lo que él hacía estaba bien. Conocían sus fechorías, sus arrebatos, pero se los perdonaban o los pasaban silenciosamente por alto, ya que pensaban que no podía estar equivocado, intentando, en muchas ocasiones, de emularlo.
- Señores – dijo después de un largo silencio el arzobispo – Señoras, niños aquí presentes, en esta ocasión celebraremos no solo a Nuestra Santa Virgen de las Virtudes, sino que también nuestras propias virtudes como corderos de dios deben ser celebradas, lo que nos permite acercarnos al buen camino, rechazando enérgicamente las tentaciones del cuerpo, enalteciendo al alma por sobre todo y todas las cosas, ya que es ésta la que ha sido hecha a semejanza de la de nuestro padre y creador – levantó la ostia con ambas manos –. Se dice que dios todo lo perdona, que todo aquel que se arrepiente de los pecados cometidos, no importando la vileza de aquellos actos, ni los vejámenes cometidos, serán perdonados aun en el lecho de muerte. Eso es lo que yo debo inculcarles hijo míos, mis ovejas, mi rebaño – bebió el vino de un solo sorbo – Sin embargo esa no es la verdad. Cada acto cometido, cada traición, cada acción que nos haga sentir remordimiento, es y será, siempre, lo que nos construirá como personas y si hemos seguido el camino de la virtud tendremos ganado el cielo, de lo contrario, es el Infierno quien nos abre sus horrendas fauces. Quizá yo debería leerles ahora algún trozo de Isaías o algo del nuevo testamento, pero lo cierto es que ésta celebración será completamente diferente a las otras que hemos tenido. Hoy, hermanos en el pecado, serán testigos de un acto al que quizá podrían llamar milagro – todos se miraron atónitos y expectantes, ansiosos de ver el mas estrafalario de los actos – el último recodo de cordura de el mas grande de los pecadores de este pueblo, su redención y castigo.
Desde alguna parte del pulpito sacó un gran galón de gasolina y de sus ropas sacó una carta que le entregó a una señora que estaba en los asientos del frente, “léala en voz alta cuando todo allá acabado” – le dijo casi en un susurro tocándole el hombro –. Luego se desvistió completamente y todos los feligreses comenzaron a susurrarse entre sí sobre que acto de pureza realizaría el padre. - Éstas son las marcas del pecado, hijos míos – les dijo mostrando una serie de moretones, heridas y laceraciones que cubrían su cuerpo – y éste mi último acto de cordura – rocío sobre todo su cuerpo la gasolina y con la vela encendida sobre el pulpito se prendió fuego – y este mi acto de redención.
Todos los feligreses miraban atónitos el acto, pero ninguno se movía esperando expectantes el final anunciado por el sacerdote. Todos pensaban que este era un acto de fe y que de pronto las llamas se extinguirían súbitamente y él, el arzobispo, saldría completamente ileso del trance. El cuerpo desnudo ardía y los gritos de dolor se hacían cada vez mas aterradores, pero cuando los feligreses atinaron a reaccionar, poniéndose de pie para apagar el fuego que consumía a su arzobispo, el último grito de dolor ya había sido proferido y de a poco los llantos llenaron la iglesia. Entonces la señora que tenía la carta se puso de pie y dijo: - El acto de fe, de nuestro amado arzobispo, ha fallado, pero entre mis manos tengo su última voluntad, así es que les pediré el mayor respeto posible – subió al pulpito sollozando como anima penitente y adolorida, se puso frente al micrófono, todos lloraban desconsoladamente, pero entre los sollozos se escuchan las voces de la gente instando a que la carta fuera leída. Al estar en posición, solemnemente la señora sacó la carta del sobre y al comenzar a leerla para sí misma, su rostro adopto la forma desfigurado que adoptan los que odian y con la voz temblorosa comenzó a leerla:
A LA GENTE DEL PUEBLO:
Si están leyendo ésta carta es porque, posiblemente me he atrevido a hacer lo que hace tiempo vengo planificando. Algunos de los presentes están en conocimiento de algunos de los actos vergonzosos de los que soy protagonista cuando bebo, pero ninguno de ustedes es conciente de los atroces y diabólicos y que, desde que llegue a este pueblo, vengo cometiendo y de los cuales me arrepiento profundamente y quemarme vivo es la única forma que tengo de redimirme o irme al Infierno, lo que suceda primero.
Desde lo mas profundo de mi corazón les pido disculpas por no haber sido capaz de detenerme y, sobre todo, por no ser capaz de decirles o mostrarles quien fui realmente. Como tampoco lo soy ahora, ni aun escribiéndoles y sabiendo que no volverán a verme. Sin embargo deben saberlo.
Señora Braun, en uno de los niveles del pulpito hay un control remoto, por favor encienda el televisor que se encuentra cubierto por un paño rojo a un lado del altar. Sean testigos. Y señora, disculpe la crueldad de haberla elegido a usted de entre toda esta gente.
El Arzobispo.
Al encenderse el televisor se vio a un niño famélico atado por las muñecas y los pies con cadenas en la semioscuridad, el niño lloraba imperceptiblemente y había sido golpeado y lacerado. De pronto aparece el sacerdote desde un rincón, desnudo, amenaza al niño con un cuchillo y este por primera vez mira directamente a la cámara, y la señora Braun inmediatamente le reconoce y comienza a llorar y va corriendo hacia el televisor, para ver de cerca como el niño es penetrado por el sacerdote haciéndolo sangrar y llorar de desesperadamente, suplicando para que lo dejaran en paz. Acto seguido la imagen cambió y la violada de forma muy similar era una pequeña niña a la que después el sacerdote obligaba a chuparle el pene. Pasaban los minutos y las imágenes se volvían cada vez mas espeluznantes, nadie podía creer lo que veía, algunos lloraban, otros apretaban los puños y los dientes, otros gritaban con odio su rencor y otros se masturbaban en silencio en la oscuridad…
Ahora todo parecía arremolinarse en la cabeza del sacerdote, como una veloz vorágine que, de forma aterradora, daba vueltas por su cabeza desenfrenadamente. Trató tantas veces de darle la “perspectiva correcta” a todo el asunto, trató de detenerse, detener los impulsos que lo llevaban a cometer tales actos. Sin embargo nada parecía ser lo suficientemente efectivo para que él, un arzobispo, de aquel pequeño pueblo, en aquel desdichado y desamparado lugar, dejara de beber y perder la conciencia. Se había ya perdido el respeto a si mismo. Ya no era capaz de pararse en el palco y decirles a sus feligreses que rezaran para salvar su alma, porque la suya estaba condenada.
Era un domingo 24 de septiembre de 1924, el sacerdote salió religiosamente al palco, lleno de solemnidad, con ese aire de superioridad que había adquirido con el hábito y su nombramiento de arzobispo, llevó cada una de las cosas necesarias para el rito, la copa de vino, el pan que es el cuerpo de cristo, velas, porque esa ocasión seria especial. En aquel pueblo celebrarían la noche de la Santa Virgen de las Virtudes. Internamente se había preparado, había preparado también un elocuente discurso sobre lo bueno que era seguir el camino de dios y sus senderos. Todos esperaban ansiosos, ya que sabían cuanto motivaban aquellos discursos y cuanto los llenaban de esperanza, a cada uno de ellos. Por esta razón todo el pueblo quedaba vacío cada vez que se celebraba alguno de estos acontecimientos, esperando ansiosos sus palabras tan inspiradas, sobretodo porque eran proferidas por una de las máximas autoridades eclesiásticas a la que un pueblucho como ese podía aspirar, y de alguna forma sabían o mas bien sentían que todo lo que él hacía estaba bien. Conocían sus fechorías, sus arrebatos, pero se los perdonaban o los pasaban silenciosamente por alto, ya que pensaban que no podía estar equivocado, intentando, en muchas ocasiones, de emularlo.
- Señores – dijo después de un largo silencio el arzobispo – Señoras, niños aquí presentes, en esta ocasión celebraremos no solo a Nuestra Santa Virgen de las Virtudes, sino que también nuestras propias virtudes como corderos de dios deben ser celebradas, lo que nos permite acercarnos al buen camino, rechazando enérgicamente las tentaciones del cuerpo, enalteciendo al alma por sobre todo y todas las cosas, ya que es ésta la que ha sido hecha a semejanza de la de nuestro padre y creador – levantó la ostia con ambas manos –. Se dice que dios todo lo perdona, que todo aquel que se arrepiente de los pecados cometidos, no importando la vileza de aquellos actos, ni los vejámenes cometidos, serán perdonados aun en el lecho de muerte. Eso es lo que yo debo inculcarles hijo míos, mis ovejas, mi rebaño – bebió el vino de un solo sorbo – Sin embargo esa no es la verdad. Cada acto cometido, cada traición, cada acción que nos haga sentir remordimiento, es y será, siempre, lo que nos construirá como personas y si hemos seguido el camino de la virtud tendremos ganado el cielo, de lo contrario, es el Infierno quien nos abre sus horrendas fauces. Quizá yo debería leerles ahora algún trozo de Isaías o algo del nuevo testamento, pero lo cierto es que ésta celebración será completamente diferente a las otras que hemos tenido. Hoy, hermanos en el pecado, serán testigos de un acto al que quizá podrían llamar milagro – todos se miraron atónitos y expectantes, ansiosos de ver el mas estrafalario de los actos – el último recodo de cordura de el mas grande de los pecadores de este pueblo, su redención y castigo.
Desde alguna parte del pulpito sacó un gran galón de gasolina y de sus ropas sacó una carta que le entregó a una señora que estaba en los asientos del frente, “léala en voz alta cuando todo allá acabado” – le dijo casi en un susurro tocándole el hombro –. Luego se desvistió completamente y todos los feligreses comenzaron a susurrarse entre sí sobre que acto de pureza realizaría el padre. - Éstas son las marcas del pecado, hijos míos – les dijo mostrando una serie de moretones, heridas y laceraciones que cubrían su cuerpo – y éste mi último acto de cordura – rocío sobre todo su cuerpo la gasolina y con la vela encendida sobre el pulpito se prendió fuego – y este mi acto de redención.
Todos los feligreses miraban atónitos el acto, pero ninguno se movía esperando expectantes el final anunciado por el sacerdote. Todos pensaban que este era un acto de fe y que de pronto las llamas se extinguirían súbitamente y él, el arzobispo, saldría completamente ileso del trance. El cuerpo desnudo ardía y los gritos de dolor se hacían cada vez mas aterradores, pero cuando los feligreses atinaron a reaccionar, poniéndose de pie para apagar el fuego que consumía a su arzobispo, el último grito de dolor ya había sido proferido y de a poco los llantos llenaron la iglesia. Entonces la señora que tenía la carta se puso de pie y dijo: - El acto de fe, de nuestro amado arzobispo, ha fallado, pero entre mis manos tengo su última voluntad, así es que les pediré el mayor respeto posible – subió al pulpito sollozando como anima penitente y adolorida, se puso frente al micrófono, todos lloraban desconsoladamente, pero entre los sollozos se escuchan las voces de la gente instando a que la carta fuera leída. Al estar en posición, solemnemente la señora sacó la carta del sobre y al comenzar a leerla para sí misma, su rostro adopto la forma desfigurado que adoptan los que odian y con la voz temblorosa comenzó a leerla:
A LA GENTE DEL PUEBLO:
Si están leyendo ésta carta es porque, posiblemente me he atrevido a hacer lo que hace tiempo vengo planificando. Algunos de los presentes están en conocimiento de algunos de los actos vergonzosos de los que soy protagonista cuando bebo, pero ninguno de ustedes es conciente de los atroces y diabólicos y que, desde que llegue a este pueblo, vengo cometiendo y de los cuales me arrepiento profundamente y quemarme vivo es la única forma que tengo de redimirme o irme al Infierno, lo que suceda primero.
Desde lo mas profundo de mi corazón les pido disculpas por no haber sido capaz de detenerme y, sobre todo, por no ser capaz de decirles o mostrarles quien fui realmente. Como tampoco lo soy ahora, ni aun escribiéndoles y sabiendo que no volverán a verme. Sin embargo deben saberlo.
Señora Braun, en uno de los niveles del pulpito hay un control remoto, por favor encienda el televisor que se encuentra cubierto por un paño rojo a un lado del altar. Sean testigos. Y señora, disculpe la crueldad de haberla elegido a usted de entre toda esta gente.
El Arzobispo.
Al encenderse el televisor se vio a un niño famélico atado por las muñecas y los pies con cadenas en la semioscuridad, el niño lloraba imperceptiblemente y había sido golpeado y lacerado. De pronto aparece el sacerdote desde un rincón, desnudo, amenaza al niño con un cuchillo y este por primera vez mira directamente a la cámara, y la señora Braun inmediatamente le reconoce y comienza a llorar y va corriendo hacia el televisor, para ver de cerca como el niño es penetrado por el sacerdote haciéndolo sangrar y llorar de desesperadamente, suplicando para que lo dejaran en paz. Acto seguido la imagen cambió y la violada de forma muy similar era una pequeña niña a la que después el sacerdote obligaba a chuparle el pene. Pasaban los minutos y las imágenes se volvían cada vez mas espeluznantes, nadie podía creer lo que veía, algunos lloraban, otros apretaban los puños y los dientes, otros gritaban con odio su rencor y otros se masturbaban en silencio en la oscuridad…

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Re: ALEXANDER_DE_LARGE
LA NOCHE DE LOS BESOS ETERNOS.
Pronuncie tu nombre una vez más. El ritmo de tu voz al pronunciar el mío me pareció delicioso, tan melodioso, tan suave. La música que se escapaba a todo volumen por los parlantes no importaba. No importaba la gente que nos rodeaba. En ese segundo en que tu y yo nos buscábamos, solo éramos tu y yo, dos voces en la oscuridad que lograban reconocerse y acariciarse solo con la vibración de sus gargantas y el sabor impregnado en sus labios que llegaba a acariciarnos, rodeándonos del aroma del otro. Sabía que serias así, sabía que olerías de esa forma, que tus caderas, que tus manos, que tu forma, que la belleza de tus ojos negros calaría en mí.
Sabía que eras justo como te imagine. Ah! Que bello aroma. Que delicioso cuerpo. Nada más me queda por vivir. Cuando me acerque a ti sentía miedo, pero al estar junto a ti todo miedo se disipo. Estaba dispuesto a afrontar todo lo que viniera y sellar mi destino. Eras la mujer que siempre quise tener a mi lado, aquella que llenaría todos los espacios de mi vacío, aquella con la que desearía respirar el mismo aire cada mañana del resto de mi vida. Y ahora te tengo conmigo.
De pronto el gong, la hora había llegado. La música disminuía su propio volumen como dotada de conciencia del momento y su significado. Te abrace. Y comencé a besarte como lo había esperado por tanto tiempo. Puse en ese beso todo el amor que te había guardado durante toda mi vida. Cada segundo, cada minuto de mi vida estaba guardado en aquel beso que deseaba prolongar por siempre. La voz del anfitrión lleno la gran sala, pero nadie parecía escuchar lo que decía, todos estaban absortos en el otro que tenían tomados como si fueran parte de si mismos.
- Ha llegado el momento, los que estamos aquí hemos decidido prolongar lo que somos a la eternidad y junto a aquella persona que amamos y que deseamos amar por siempre. Ya no importarán las cosas sin importancia, ya no importarán aquellas cosas que no deben importarnos. Juntos prolongaremos este momento eterno y único. Y ahora es el momento. Cuando vuelva a sonar el gong, dentro de 5 minutos más, deberán hacer lo que han venido a hacer. Junto a ustedes, en los bolsos colgados en los pilares, está la forma en que cada uno eligió prolongar su vida por siempre. Algunos eligieron veneno, otros algún arma, otros que alguien mas lo haga. Pero no importa la forma de prolongar su existencia con el ser amado que hayan elegido, siempre será la correcta. Ahora despídanse.
Entonces me dijiste – tengo miedo – yo te abrace lo mas fuerte que pude. Te conté como había sido mi vida, en solo algunos minutos y lo horrible que había sido todo hasta este momento. Tu me contaste lo mal que lo habías pasado y de lo mucho que me extrañabas aun sin conocerme, de lo mucho que deseabas saber como era en realidad. Sonó el gong, yo pensé que deberíamos escapar, pero no me atrevía a decírtelo. Tomaste el cuchillo, yo tomé el mío, nos abrazamos nos besamos. A nuestro alrededor se escuchan los aterradores gritos de los otros asistentes, los balazos, los cuchillos o las espadas atravesando los cuerpos. Mientras las voces decían “te amo” o “siempre te recordare”, sin embargo nada importaba en ese momento solo tu y yo éramos los importantes. Me dijiste – adiós – yo te besé y fue el beso mas hermoso que he dado jamás, me abrazaste con todas tus fuerzas, alzaste el cuchillo y yo hice lo mismo, me dijiste “solo a ti deseo amarte” y lo enterraste profundamente en la espalda, sentí el dolor, y cuando iba a hacerte lo mismo, mi mano se paralizó. Lo ultimo que te dije fue “lo siento, te amo pero no soy capaz de hacerlo”, solo se que caí mientras escuchaba tu llanto…
Pronuncie tu nombre una vez más. El ritmo de tu voz al pronunciar el mío me pareció delicioso, tan melodioso, tan suave. La música que se escapaba a todo volumen por los parlantes no importaba. No importaba la gente que nos rodeaba. En ese segundo en que tu y yo nos buscábamos, solo éramos tu y yo, dos voces en la oscuridad que lograban reconocerse y acariciarse solo con la vibración de sus gargantas y el sabor impregnado en sus labios que llegaba a acariciarnos, rodeándonos del aroma del otro. Sabía que serias así, sabía que olerías de esa forma, que tus caderas, que tus manos, que tu forma, que la belleza de tus ojos negros calaría en mí.
Sabía que eras justo como te imagine. Ah! Que bello aroma. Que delicioso cuerpo. Nada más me queda por vivir. Cuando me acerque a ti sentía miedo, pero al estar junto a ti todo miedo se disipo. Estaba dispuesto a afrontar todo lo que viniera y sellar mi destino. Eras la mujer que siempre quise tener a mi lado, aquella que llenaría todos los espacios de mi vacío, aquella con la que desearía respirar el mismo aire cada mañana del resto de mi vida. Y ahora te tengo conmigo.
De pronto el gong, la hora había llegado. La música disminuía su propio volumen como dotada de conciencia del momento y su significado. Te abrace. Y comencé a besarte como lo había esperado por tanto tiempo. Puse en ese beso todo el amor que te había guardado durante toda mi vida. Cada segundo, cada minuto de mi vida estaba guardado en aquel beso que deseaba prolongar por siempre. La voz del anfitrión lleno la gran sala, pero nadie parecía escuchar lo que decía, todos estaban absortos en el otro que tenían tomados como si fueran parte de si mismos.
- Ha llegado el momento, los que estamos aquí hemos decidido prolongar lo que somos a la eternidad y junto a aquella persona que amamos y que deseamos amar por siempre. Ya no importarán las cosas sin importancia, ya no importarán aquellas cosas que no deben importarnos. Juntos prolongaremos este momento eterno y único. Y ahora es el momento. Cuando vuelva a sonar el gong, dentro de 5 minutos más, deberán hacer lo que han venido a hacer. Junto a ustedes, en los bolsos colgados en los pilares, está la forma en que cada uno eligió prolongar su vida por siempre. Algunos eligieron veneno, otros algún arma, otros que alguien mas lo haga. Pero no importa la forma de prolongar su existencia con el ser amado que hayan elegido, siempre será la correcta. Ahora despídanse.
Entonces me dijiste – tengo miedo – yo te abrace lo mas fuerte que pude. Te conté como había sido mi vida, en solo algunos minutos y lo horrible que había sido todo hasta este momento. Tu me contaste lo mal que lo habías pasado y de lo mucho que me extrañabas aun sin conocerme, de lo mucho que deseabas saber como era en realidad. Sonó el gong, yo pensé que deberíamos escapar, pero no me atrevía a decírtelo. Tomaste el cuchillo, yo tomé el mío, nos abrazamos nos besamos. A nuestro alrededor se escuchan los aterradores gritos de los otros asistentes, los balazos, los cuchillos o las espadas atravesando los cuerpos. Mientras las voces decían “te amo” o “siempre te recordare”, sin embargo nada importaba en ese momento solo tu y yo éramos los importantes. Me dijiste – adiós – yo te besé y fue el beso mas hermoso que he dado jamás, me abrazaste con todas tus fuerzas, alzaste el cuchillo y yo hice lo mismo, me dijiste “solo a ti deseo amarte” y lo enterraste profundamente en la espalda, sentí el dolor, y cuando iba a hacerte lo mismo, mi mano se paralizó. Lo ultimo que te dije fue “lo siento, te amo pero no soy capaz de hacerlo”, solo se que caí mientras escuchaba tu llanto…

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Re: ALEXANDER_DE_LARGE
Momento.
Lamí tus piernas por enésima vez, ya sin pudor, de arriba hacia abajo, poseída por tu placer, por ese revolver de tu cuerpo sometido a las cuerdas que apretaban tus muñecas, a tus gemidos, a tu respiración agitada y a la mía que aspiraba excitada tu sudor y tus ganas. Lentamente pasaba mi lengua, deteniéndome en cada lugar como si fuera el único, como si en él se escondiera el mas delicioso néctar. Me hundí en tus rodillas, recorriendo cada fisura de tus huesos vestidos de carne. Bajé sin prisa por tus muslos rodeándolos con mis dedos juguetones mientras mi lengua, ansiosamente, recorría cada uno de tus poros. Llegué a tu sexo, humedecido y ardiente y vi como ávido me pedía un roce, como a silenciosos gritos me exigía un beso. Hice rodar mi lengua por tu vagina, casi sin tocarla y su penetrante olor inundo mi nariz del cálido olor de tu placer, aquel placer que apenas podías contener ya. Aquel placer en el que te sumergías hasta, lentamente, perderte en él. Apretabas firmemente tus labios, los mordías con furia, todo para evitar que un gemido se te escapara. Sabías que ni el mas mínimo sonido podía escapársete o todo terminaría ahí, en ese solo segundo. Mi lengua se untó de súbito en la punta de tu clítoris y cual ambrosía este se derritió en mis labios y al beber de él el gemido que tan celosamente guardabas se condensó en un solo grito de placer que te fue imposible contener.
Sabías que tenías que guardar silencio. Saque rápidamente la cara de tu húmeda entrepierna, me vestí, bese tus pezones erectos por ultima vez, afloje una de las cuerdas que te sujetaban y salí del baño. Como lo habíamos planificado, tomaste el trozo de vidrio que estaba a tu lado y te hiciste una herida profunda. Al rato llegue con algunas de las guardias y estabas desmayada y habías perdido mucha sangre. Te trajimos a la enfermería. Como lo habíamos supuesto todos pensarían que fue un accidente, sin embargo, la herida que te hiciste fue mucho mas profunda de lo que esperábamos, quizá fue la prisa, quizá la posición desde la cual te hiciste el corte, pero al perforarte el estómago te has causado una herida mortal. Y ahora, ahora que les confesé todo, ahora que estás a punto de morir en mis brazos, ahora que me despidieron y que probablemente iré presa y que solo me han permitido mantenerme a tu lado porque les dije lo que sentía por ti. Ahora que has despertado y que desconectarán las máquinas que te mantienen con vida porque no te consideran lo suficientemente valiosa para no hacerlo. Vine a decirte cuanto te amo, mi amor.
Lamí tus piernas por enésima vez, ya sin pudor, de arriba hacia abajo, poseída por tu placer, por ese revolver de tu cuerpo sometido a las cuerdas que apretaban tus muñecas, a tus gemidos, a tu respiración agitada y a la mía que aspiraba excitada tu sudor y tus ganas. Lentamente pasaba mi lengua, deteniéndome en cada lugar como si fuera el único, como si en él se escondiera el mas delicioso néctar. Me hundí en tus rodillas, recorriendo cada fisura de tus huesos vestidos de carne. Bajé sin prisa por tus muslos rodeándolos con mis dedos juguetones mientras mi lengua, ansiosamente, recorría cada uno de tus poros. Llegué a tu sexo, humedecido y ardiente y vi como ávido me pedía un roce, como a silenciosos gritos me exigía un beso. Hice rodar mi lengua por tu vagina, casi sin tocarla y su penetrante olor inundo mi nariz del cálido olor de tu placer, aquel placer que apenas podías contener ya. Aquel placer en el que te sumergías hasta, lentamente, perderte en él. Apretabas firmemente tus labios, los mordías con furia, todo para evitar que un gemido se te escapara. Sabías que ni el mas mínimo sonido podía escapársete o todo terminaría ahí, en ese solo segundo. Mi lengua se untó de súbito en la punta de tu clítoris y cual ambrosía este se derritió en mis labios y al beber de él el gemido que tan celosamente guardabas se condensó en un solo grito de placer que te fue imposible contener.
Sabías que tenías que guardar silencio. Saque rápidamente la cara de tu húmeda entrepierna, me vestí, bese tus pezones erectos por ultima vez, afloje una de las cuerdas que te sujetaban y salí del baño. Como lo habíamos planificado, tomaste el trozo de vidrio que estaba a tu lado y te hiciste una herida profunda. Al rato llegue con algunas de las guardias y estabas desmayada y habías perdido mucha sangre. Te trajimos a la enfermería. Como lo habíamos supuesto todos pensarían que fue un accidente, sin embargo, la herida que te hiciste fue mucho mas profunda de lo que esperábamos, quizá fue la prisa, quizá la posición desde la cual te hiciste el corte, pero al perforarte el estómago te has causado una herida mortal. Y ahora, ahora que les confesé todo, ahora que estás a punto de morir en mis brazos, ahora que me despidieron y que probablemente iré presa y que solo me han permitido mantenerme a tu lado porque les dije lo que sentía por ti. Ahora que has despertado y que desconectarán las máquinas que te mantienen con vida porque no te consideran lo suficientemente valiosa para no hacerlo. Vine a decirte cuanto te amo, mi amor.

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Re: ALEXANDER_DE_LARGE
EL REDENTOR
El hombre, de tez morena, ojos inmensamente oscuros y pelo blanco, decía, justo en el momento en que levantaba el cuchillo de unos 20 a30 cms. de largo y tan ancho como su brazo.
- Lo sagrado es aquella cosa que ustedes llaman Eternidad y que ni con todos los rezos del mundo podrán alcanzar, porque hieden… tanto que me producen náuseas.
El otro hombre con sotana negra, llena de bellos encajes dorados y ornamentos, miraba aterrado con la vista fija en el cuchillo que aun goteaba sangre y cuyo brillo parecía reflejarse en cada rincón de la ricamente adornada iglesia.
- Cristo vive en esta casa… esta es su casa… su casa… ¿Te atreverías a mancillar la casa de Cristo? ¿Nuestro Señor?.
La gente estaba en shock, solo corderos, que al verse sin pastor no atinaban a reaccionar y solo veían la sangre correr y los cuerpos caer sin cabeza y sin miembros y dar sus últimos estertores de agonía en el suelo…
- Yo “Padre” (hizo un ademán con los dedos simbolizando un entre comillas) soy un pagano, un malhechor, soy el servidor de dios… soy su hijo… soy Cristo y vengo a redimir mi error… (ríe a carcajadas).
El hombre, que hasta ese momento era solo un hombre, adopto repentinamente una luminiscencia y una superioridad que solo había sido vista en aquellos servidores de la humanidad… Los Iluminados.
Levanto, entonces, el cuchillo tan alto como sus brazos se los permitieron. Saboreó el momento como ningún otro y al tiempo que bajaba el afilado corvo decía:
- Su cuerpo es mi cuerpo, mi señor
La cabeza del párroco rodó entre la gente, la que ya no se movía ni respiraba, parecían ovejas frente al lobo. Solo balaban apenas mientras los chorros de sangre llenaban el púlpito de la iglesia y el cuerpo caía al suelo. No fueron capaces de hacer nada.
Solo había pasado un momento, cuando el hombre, con paso exageradamente seguro y manchado con la sangre de varios cuerpos desparramados por el suelo, se dirigió hacia la puerta de salida. Al llegar a ella, de su pantalón sacó un fósforo, sonrió cuando sus pies chapotearon sobre el kerosene, y lo lanzó y el fuego se expandió tan rápida y potentemente que la gente, al momento de darse cuenta se desplomaba al suelo, muerta. Algunos, los más despiertos, los que aun no habían sido corrompidos completamente, sentían la agonía y el horrible ardor unos segundos antes de caer al suelo completamente quemados.
El hombre salió de la iglesia con los zapatos chamuscados y atrapados por un fuego muy débil, del que se desprendió con tan solo una sacudida. Después de trancar la puerta, con un par de troncos gruesos que había dispuesto para ello, se apoyo un momento sobre la mampara para oír y deleitarse con el chispear del fuego haciendo presa de los pilares y los cuerpos. Cuando el olor de la carne chamuscada se hizo tan intenso que para él se volvió insoportable, el hombre se mezcló entre la gente, y ninguno de ellos notó ni las manchas de sangre, ni su cara teñida, ni el gran corvo que aun vomitaba sangre…
El hombre, de tez morena, ojos inmensamente oscuros y pelo blanco, decía, justo en el momento en que levantaba el cuchillo de unos 20 a30 cms. de largo y tan ancho como su brazo.
- Lo sagrado es aquella cosa que ustedes llaman Eternidad y que ni con todos los rezos del mundo podrán alcanzar, porque hieden… tanto que me producen náuseas.
El otro hombre con sotana negra, llena de bellos encajes dorados y ornamentos, miraba aterrado con la vista fija en el cuchillo que aun goteaba sangre y cuyo brillo parecía reflejarse en cada rincón de la ricamente adornada iglesia.
- Cristo vive en esta casa… esta es su casa… su casa… ¿Te atreverías a mancillar la casa de Cristo? ¿Nuestro Señor?.
La gente estaba en shock, solo corderos, que al verse sin pastor no atinaban a reaccionar y solo veían la sangre correr y los cuerpos caer sin cabeza y sin miembros y dar sus últimos estertores de agonía en el suelo…
- Yo “Padre” (hizo un ademán con los dedos simbolizando un entre comillas) soy un pagano, un malhechor, soy el servidor de dios… soy su hijo… soy Cristo y vengo a redimir mi error… (ríe a carcajadas).
El hombre, que hasta ese momento era solo un hombre, adopto repentinamente una luminiscencia y una superioridad que solo había sido vista en aquellos servidores de la humanidad… Los Iluminados.
Levanto, entonces, el cuchillo tan alto como sus brazos se los permitieron. Saboreó el momento como ningún otro y al tiempo que bajaba el afilado corvo decía:
- Su cuerpo es mi cuerpo, mi señor
La cabeza del párroco rodó entre la gente, la que ya no se movía ni respiraba, parecían ovejas frente al lobo. Solo balaban apenas mientras los chorros de sangre llenaban el púlpito de la iglesia y el cuerpo caía al suelo. No fueron capaces de hacer nada.
Solo había pasado un momento, cuando el hombre, con paso exageradamente seguro y manchado con la sangre de varios cuerpos desparramados por el suelo, se dirigió hacia la puerta de salida. Al llegar a ella, de su pantalón sacó un fósforo, sonrió cuando sus pies chapotearon sobre el kerosene, y lo lanzó y el fuego se expandió tan rápida y potentemente que la gente, al momento de darse cuenta se desplomaba al suelo, muerta. Algunos, los más despiertos, los que aun no habían sido corrompidos completamente, sentían la agonía y el horrible ardor unos segundos antes de caer al suelo completamente quemados.
El hombre salió de la iglesia con los zapatos chamuscados y atrapados por un fuego muy débil, del que se desprendió con tan solo una sacudida. Después de trancar la puerta, con un par de troncos gruesos que había dispuesto para ello, se apoyo un momento sobre la mampara para oír y deleitarse con el chispear del fuego haciendo presa de los pilares y los cuerpos. Cuando el olor de la carne chamuscada se hizo tan intenso que para él se volvió insoportable, el hombre se mezcló entre la gente, y ninguno de ellos notó ni las manchas de sangre, ni su cara teñida, ni el gran corvo que aun vomitaba sangre…

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Re: ALEXANDER_DE_LARGE
Frente al espejo.
Que mirada tan fría. Que ojos tan llenos de nada. Que voz tan temblorosa y ajena a mí. Me miro al espejo y parece que estoy mirando una caricatura. Creo que alguna vez tuve prestancia, creo que alguna vez fui elegante. Creo que alguna vez fui otra persona a la que ya no recuerdo con claridad. Mi nombre parece tan borroso ahora, mi cara no es mi cara y sin embargo me resulta tan familiar, pero tan diferente a la mía.
Recuerdo aquella noche en la que era otro, con un vaso de coñac anejo en las manos, con un cigarrillo de 500 dólares en la otra, mirándome al espejo esperando a que llegara ella, vestida con aquella ropa interior fina que le regale, oliendo deliciosamente como si estuviera bañada en rosas. Puso música y comenzó a bailar sensualmente, seduciéndome desde la puerta, llamándome para que fuese con ella, incitándome a pronunciar su nombre mientras movía sus labios en silencio. Cuando de pronto, con un susurro que traspasó mi oído, pronunciaste aquel nombre que no recuerdo. Frente a este espejo los recuerdos parecen tan vívidos, los sonidos, la prometedoras caricias que estaban tan cercanas. Todo era perfecto, el momento era perfecto, el era ambiente perfecto, la música era perfecta y ella tan bella, tan enteramente bella desprendiendo magia con sus grandes y delineadas caderas y aquellos pechos como de niña sacados de la misma caricatura en la que yo estoy dibujado ahora. Todo es ahora tan confuso.
Sin tan solo por un segundo pudiese dejar de mirarme en este infernal espejo, que me hace vivir aquella otra vida, confundiéndome. Ahora soy otro. Sencillo, con mi televisor de segunda mano, mi habitación pequeña que huele a vomito de varios días, mi cama de madera y mi colchón antiguo. Sin trabajo y desprovisto de todo talento. Ojalá pudiese dejar de mirarme y así no me llenaría con la desesperación que ahora me invade. Ojalá las visiones no fueran tan confusas, ojalá y me sirvieran para aclarar todo, pero siempre es la misma escena que se repite una y otra y otra vez, cada vez que me miro al espejo. ¿Quién soy? ¿Acaso el de aquella caricatura reflejada? ¿Acaso es mi vida actual la caricatura? ¿Quién soy? ¿Quién es aquella bella mujer que me llama desde la puerta, tan blanca y cuya figura me enloquece?.
Cuantas ganas tengo de romper este espejo desquiciado. Sin tan solo me mostrara algo mas de lo que siempre veo, si tan solo me diera las respuestas. Ya no lo soporto más. ¿Qué es ese sonido? ¡Crash!. Mi mano sangra. Siento náuseas, ganas tengo de vomitar, pero mis ojos se cierran. Creo que no podré volver a usar mi mano por algún tiempo. Silencio.
¿Dónde estoy? Esto parece un sueño. Ahora, por fin, soy el otro. Sonrío. Es ella una vez mas susurrándome. Su presencia está tan cerca de la mía que puedo sentir el olor de las rosas. Ahora siento todo con una claridad que me abruma. Al fin la recuerdo ¿Qué es lo que me susurras amada mía? ¿Por qué repentinamente te pierdes en la oscuridad? Ven que te deseo, ven que deseo sentir aquellas suaves caricias…
¿Qué es esto que siento? ¿Qué es este dolor? ¿Lágrimas? Todo parece correr ahora en cámara lenta, muy lenta ¿Aun sueño? ¿Qué es ese como crujir de huesos? ¿Por qué siento que no podré soportar lo que viene? Gritos
- Viejo ¿Dónde tienes el dinero? ¡Danos todo el dinero! - ¿Quiénes son aquellos hombres? ¿Y por qué sostienen a mi amada como si estuviera muerta? – Danos el dinero maldito viejo asqueroso, o el próximo serás tu – ¿me apuntan? Entonces yo debería estar muerto.
- Les daré el dinero pero no me maten, por favor no me maten - ¿Estoy suplicando por mi vida? – Está en la otra habitación – siento miedo – en mi estudio
- Mas te vale no hacer ningún truco viejo asqueroso – cierto mi arma.
- No se preocupe señor, será mas rico de lo que pueda imaginar, pero deberá irse en cuanto le de el dinero, la alarma silenciosa debe haberse activado y en un segundo este lugar estará lleno de policías – miento.
- No vengas a amenazarnos viejo estúpido – me escupen. Silencio.
Saco mi arma del cajón y sonrío antes de llenarles de orificios el pecho. Que momento mas glorioso cuando cada bala atraviesa la carne. De ahí todo sucede mas rápidamente. Mi amada cae al suelo, le han fracturado el cuello, esta viva e inconsciente, pero no creo que sobreviva y si despierta solo sentirá dolor, mucho dolor, ya es tarde para ella. Recuerdo que corrí a la cocina, tome el cuchillo y la decapite y que segundos antes que su cabeza se separa de su cuerpo ella abrió los ojos y me miró suplicante, pero no, ya era demasiado tarde y no sobreviviría, la he salvado. Luego miré a los otros dos individuos por varios minutos, ambos estaban muertos, y no habían alcanzado a reaccionar. Pronto mi casa estaría llena de policías y me echarían la culpa de todo, de las tres muertes. Debía huir y olvidar, quemar mi casa y empezar otra vez. Tomé todo el dinero que pude, le di un beso a ella, a la que tanto amaba, decapite al individuo mas joven y corrí llevándome su cabeza. Ya no recuerdo el incendio, solo que corrí hasta que mi cuerpo cayó rendido en algún lugar. Perdí la conciencia y cuando volví a ser yo mismo estaba en este pequeño cuarto sin poder recordar que había pasado. Despierto.
Siento el olor de la carne muerta frente a mi, me miro en uno de los fragmentos del espejo y veo que no es mi rostro el que miro sino que el de uno de los individuos que entró a mi casa y mató a mi amada. Desgarro mi cara buscándome y bajo aquella mascara está la mía, mas pétrea y demente. Creo que he enloquecido. Comienzan las carcajadas y esas voces que no paran de hablar. Esas voces que nunca han dejado de hablarme. Carcajadas al desprender mas piel muerta de mi propia piel muerta. Vomito. Al fin todo está claro, sin embargo quizá hubiese sido mejor no recordar y pensar en lo sencillo que sería acabar con mi vida ahora, con tanto vidrio desparramado por el suelo…
Que mirada tan fría. Que ojos tan llenos de nada. Que voz tan temblorosa y ajena a mí. Me miro al espejo y parece que estoy mirando una caricatura. Creo que alguna vez tuve prestancia, creo que alguna vez fui elegante. Creo que alguna vez fui otra persona a la que ya no recuerdo con claridad. Mi nombre parece tan borroso ahora, mi cara no es mi cara y sin embargo me resulta tan familiar, pero tan diferente a la mía.
Recuerdo aquella noche en la que era otro, con un vaso de coñac anejo en las manos, con un cigarrillo de 500 dólares en la otra, mirándome al espejo esperando a que llegara ella, vestida con aquella ropa interior fina que le regale, oliendo deliciosamente como si estuviera bañada en rosas. Puso música y comenzó a bailar sensualmente, seduciéndome desde la puerta, llamándome para que fuese con ella, incitándome a pronunciar su nombre mientras movía sus labios en silencio. Cuando de pronto, con un susurro que traspasó mi oído, pronunciaste aquel nombre que no recuerdo. Frente a este espejo los recuerdos parecen tan vívidos, los sonidos, la prometedoras caricias que estaban tan cercanas. Todo era perfecto, el momento era perfecto, el era ambiente perfecto, la música era perfecta y ella tan bella, tan enteramente bella desprendiendo magia con sus grandes y delineadas caderas y aquellos pechos como de niña sacados de la misma caricatura en la que yo estoy dibujado ahora. Todo es ahora tan confuso.
Sin tan solo por un segundo pudiese dejar de mirarme en este infernal espejo, que me hace vivir aquella otra vida, confundiéndome. Ahora soy otro. Sencillo, con mi televisor de segunda mano, mi habitación pequeña que huele a vomito de varios días, mi cama de madera y mi colchón antiguo. Sin trabajo y desprovisto de todo talento. Ojalá pudiese dejar de mirarme y así no me llenaría con la desesperación que ahora me invade. Ojalá las visiones no fueran tan confusas, ojalá y me sirvieran para aclarar todo, pero siempre es la misma escena que se repite una y otra y otra vez, cada vez que me miro al espejo. ¿Quién soy? ¿Acaso el de aquella caricatura reflejada? ¿Acaso es mi vida actual la caricatura? ¿Quién soy? ¿Quién es aquella bella mujer que me llama desde la puerta, tan blanca y cuya figura me enloquece?.
Cuantas ganas tengo de romper este espejo desquiciado. Sin tan solo me mostrara algo mas de lo que siempre veo, si tan solo me diera las respuestas. Ya no lo soporto más. ¿Qué es ese sonido? ¡Crash!. Mi mano sangra. Siento náuseas, ganas tengo de vomitar, pero mis ojos se cierran. Creo que no podré volver a usar mi mano por algún tiempo. Silencio.
¿Dónde estoy? Esto parece un sueño. Ahora, por fin, soy el otro. Sonrío. Es ella una vez mas susurrándome. Su presencia está tan cerca de la mía que puedo sentir el olor de las rosas. Ahora siento todo con una claridad que me abruma. Al fin la recuerdo ¿Qué es lo que me susurras amada mía? ¿Por qué repentinamente te pierdes en la oscuridad? Ven que te deseo, ven que deseo sentir aquellas suaves caricias…
¿Qué es esto que siento? ¿Qué es este dolor? ¿Lágrimas? Todo parece correr ahora en cámara lenta, muy lenta ¿Aun sueño? ¿Qué es ese como crujir de huesos? ¿Por qué siento que no podré soportar lo que viene? Gritos
- Viejo ¿Dónde tienes el dinero? ¡Danos todo el dinero! - ¿Quiénes son aquellos hombres? ¿Y por qué sostienen a mi amada como si estuviera muerta? – Danos el dinero maldito viejo asqueroso, o el próximo serás tu – ¿me apuntan? Entonces yo debería estar muerto.
- Les daré el dinero pero no me maten, por favor no me maten - ¿Estoy suplicando por mi vida? – Está en la otra habitación – siento miedo – en mi estudio
- Mas te vale no hacer ningún truco viejo asqueroso – cierto mi arma.
- No se preocupe señor, será mas rico de lo que pueda imaginar, pero deberá irse en cuanto le de el dinero, la alarma silenciosa debe haberse activado y en un segundo este lugar estará lleno de policías – miento.
- No vengas a amenazarnos viejo estúpido – me escupen. Silencio.
Saco mi arma del cajón y sonrío antes de llenarles de orificios el pecho. Que momento mas glorioso cuando cada bala atraviesa la carne. De ahí todo sucede mas rápidamente. Mi amada cae al suelo, le han fracturado el cuello, esta viva e inconsciente, pero no creo que sobreviva y si despierta solo sentirá dolor, mucho dolor, ya es tarde para ella. Recuerdo que corrí a la cocina, tome el cuchillo y la decapite y que segundos antes que su cabeza se separa de su cuerpo ella abrió los ojos y me miró suplicante, pero no, ya era demasiado tarde y no sobreviviría, la he salvado. Luego miré a los otros dos individuos por varios minutos, ambos estaban muertos, y no habían alcanzado a reaccionar. Pronto mi casa estaría llena de policías y me echarían la culpa de todo, de las tres muertes. Debía huir y olvidar, quemar mi casa y empezar otra vez. Tomé todo el dinero que pude, le di un beso a ella, a la que tanto amaba, decapite al individuo mas joven y corrí llevándome su cabeza. Ya no recuerdo el incendio, solo que corrí hasta que mi cuerpo cayó rendido en algún lugar. Perdí la conciencia y cuando volví a ser yo mismo estaba en este pequeño cuarto sin poder recordar que había pasado. Despierto.
Siento el olor de la carne muerta frente a mi, me miro en uno de los fragmentos del espejo y veo que no es mi rostro el que miro sino que el de uno de los individuos que entró a mi casa y mató a mi amada. Desgarro mi cara buscándome y bajo aquella mascara está la mía, mas pétrea y demente. Creo que he enloquecido. Comienzan las carcajadas y esas voces que no paran de hablar. Esas voces que nunca han dejado de hablarme. Carcajadas al desprender mas piel muerta de mi propia piel muerta. Vomito. Al fin todo está claro, sin embargo quizá hubiese sido mejor no recordar y pensar en lo sencillo que sería acabar con mi vida ahora, con tanto vidrio desparramado por el suelo…

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Re: ALEXANDER_DE_LARGE
MATAME
Él llegó de pronto, yo hacia mi recorrido de siempre por el parque para ver el atardecer, todo estaba de un rojo pálido hermoso. Yo escuche su voz, parecía lejana, oculta, escondida entre la penumbra que se acercaba lentamente comiéndose la luz que empezaba a desvanecerse. Al principio no lo vi, apenas y logré distinguir entre los árboles su silueta. Su voz parecía temblorosa, aguda, como si algo horrible, que se escondía dentro fuese a salir si hablaba demasiado alto o demasiado seguro.
La silueta que se recortaba entre la penumbra parecía ser solo la extensión de uno de los infinitos árboles del parque, una rama desprendida que formaba la silueta de una persona. Solo yo iba caminando por ese sendero así es que no podía estar llamando a nadie más que a mí.
- Ven – me decía – ven.
Extrañamente no sentí miedo, sino que una especie de compasión me invadió al ver su estado. La ropa rasgada, lleno de arañazos el rostro, los ojos tristes y a la vez furiosos. Quise tomarlo de la mano para llevarlo al sendero, pero me rechazo enérgicamente y comenzó a doblarse y a llorar como si hubiera, durante mucho tiempo, retenido un caudal de lagrimas en su interior. No había notado, por la sombra que lo ocultaba que su ropa estaba teñida de sangre, que sus manos no estaban sucias sino que manchadas también, que sus ojos no denotaban tristeza y enojo sino que locura, que su ropa desgarrada no era en realidad ropa harapienta sino que estaba desgarrada. Y a medida que el sol se ocultaba me iba mostrando cada vez mas detalles de él. De pronto, a medida que los detalles se me mostraban, el parecía ir adoptando otra fisionomía, su cuerpo doblado iba adoptando una postura más tensa y recta y una sonrisa burlona dejo ver sus dientes blancos y perfectos.
- Mátame – dijo como burlándose – mátame ahora que todavía puedes – cerró los ojos y me entregó un cuchillo - ¿no te gustaría matarme?
- Usted está loco – le dije y quise salir corriendo, pero algo me detenía, si le daba la espalda, seguramente el me mataría primero – espere – le dije – yo no le he hecho nada y nada tengo que pueda servirle, ni reloj, ni billetera, ni dinero, nada, así es que si me deja ir le prometo no hacerle nada, no decirle nada a nadie – él asintió, pero cuando quise darme la vuelta entendí que no podía moverme a pesar de que quisiera, de alguna forma mis pies se hallaban pegados al suelo.
- Esta vez – me dijo sonriendo efusivamente – no te dejaré ir, ya que si no eres capaz de matarme ahora, ya no lo podrás hacer jamás, esta es tu última oportunidad de hacerlo – me entregó una vez más el cuchillo y yo me sentía impotente, agobiado, como si no pudiera hacer nada más. Entonces tomé el cuchillo – eres tu o soy yo.
- Yo no lo conozco caballero no sé porque…
- ¿Ah no? – se escuchó entonces una estruendosa carcajada.
- No, no lo conozco, nunca lo había visto – entonces de su chaqueta desgarrada saco amenazante un dedo que sostuvo frente a mi cara. Yo estaba nervioso, casi me ahogaba y comenzaron a darme nauseas, incontenibles nauseas hasta que vomite.
- ¿Me recuerdas ahora A-le-xan-der? – volví a vomitar y mi respiración se agitaba, hasta que casi el aire no me entraba y, rápidamente, comencé a quedarme sin poder respirar y, desesperado, olvidando completamente que tenía el cuchillo en mis manos al bajarlas me lo enterré en un muslo y grité y al gritar mi respiración se normalizó, caí de súbito al suelo y me quedé tendido junto al sendero, aturdido. El hombre había desaparecido.
Aun aturdido comencé a ponerme de pie y sin darme cuenta la voz de una mujer comenzó a sonar a mi alrededor.
- ¿Estás bien? ¿Qué te ha pasado? – y de pronto unas manos cálidas tocando mi espalda. Unas deliciosas manos. El aire se volvió exquisito, perfumado, extansiante.
Tomé el cuchillo fuertemente por el mango y en un segundo le había cortado el cuello y la mujer cayó al suelo rápidamente, pronunciando algunas palabras que no alcance a comprender, borbotones de sangre brotaban de su cuello a chorros y cuando su cabeza toco el suelo ya había atardecido.
La voz del hombre volvió a resonar en mi cabeza mientras lo veía desaparecer entre los árboles diciéndome – ésta vez ya no podré detenerte – al tiempo que resonaba una gran carcajada en el aire.
Él llegó de pronto, yo hacia mi recorrido de siempre por el parque para ver el atardecer, todo estaba de un rojo pálido hermoso. Yo escuche su voz, parecía lejana, oculta, escondida entre la penumbra que se acercaba lentamente comiéndose la luz que empezaba a desvanecerse. Al principio no lo vi, apenas y logré distinguir entre los árboles su silueta. Su voz parecía temblorosa, aguda, como si algo horrible, que se escondía dentro fuese a salir si hablaba demasiado alto o demasiado seguro.
La silueta que se recortaba entre la penumbra parecía ser solo la extensión de uno de los infinitos árboles del parque, una rama desprendida que formaba la silueta de una persona. Solo yo iba caminando por ese sendero así es que no podía estar llamando a nadie más que a mí.
- Ven – me decía – ven.
Extrañamente no sentí miedo, sino que una especie de compasión me invadió al ver su estado. La ropa rasgada, lleno de arañazos el rostro, los ojos tristes y a la vez furiosos. Quise tomarlo de la mano para llevarlo al sendero, pero me rechazo enérgicamente y comenzó a doblarse y a llorar como si hubiera, durante mucho tiempo, retenido un caudal de lagrimas en su interior. No había notado, por la sombra que lo ocultaba que su ropa estaba teñida de sangre, que sus manos no estaban sucias sino que manchadas también, que sus ojos no denotaban tristeza y enojo sino que locura, que su ropa desgarrada no era en realidad ropa harapienta sino que estaba desgarrada. Y a medida que el sol se ocultaba me iba mostrando cada vez mas detalles de él. De pronto, a medida que los detalles se me mostraban, el parecía ir adoptando otra fisionomía, su cuerpo doblado iba adoptando una postura más tensa y recta y una sonrisa burlona dejo ver sus dientes blancos y perfectos.
- Mátame – dijo como burlándose – mátame ahora que todavía puedes – cerró los ojos y me entregó un cuchillo - ¿no te gustaría matarme?
- Usted está loco – le dije y quise salir corriendo, pero algo me detenía, si le daba la espalda, seguramente el me mataría primero – espere – le dije – yo no le he hecho nada y nada tengo que pueda servirle, ni reloj, ni billetera, ni dinero, nada, así es que si me deja ir le prometo no hacerle nada, no decirle nada a nadie – él asintió, pero cuando quise darme la vuelta entendí que no podía moverme a pesar de que quisiera, de alguna forma mis pies se hallaban pegados al suelo.
- Esta vez – me dijo sonriendo efusivamente – no te dejaré ir, ya que si no eres capaz de matarme ahora, ya no lo podrás hacer jamás, esta es tu última oportunidad de hacerlo – me entregó una vez más el cuchillo y yo me sentía impotente, agobiado, como si no pudiera hacer nada más. Entonces tomé el cuchillo – eres tu o soy yo.
- Yo no lo conozco caballero no sé porque…
- ¿Ah no? – se escuchó entonces una estruendosa carcajada.
- No, no lo conozco, nunca lo había visto – entonces de su chaqueta desgarrada saco amenazante un dedo que sostuvo frente a mi cara. Yo estaba nervioso, casi me ahogaba y comenzaron a darme nauseas, incontenibles nauseas hasta que vomite.
- ¿Me recuerdas ahora A-le-xan-der? – volví a vomitar y mi respiración se agitaba, hasta que casi el aire no me entraba y, rápidamente, comencé a quedarme sin poder respirar y, desesperado, olvidando completamente que tenía el cuchillo en mis manos al bajarlas me lo enterré en un muslo y grité y al gritar mi respiración se normalizó, caí de súbito al suelo y me quedé tendido junto al sendero, aturdido. El hombre había desaparecido.
Aun aturdido comencé a ponerme de pie y sin darme cuenta la voz de una mujer comenzó a sonar a mi alrededor.
- ¿Estás bien? ¿Qué te ha pasado? – y de pronto unas manos cálidas tocando mi espalda. Unas deliciosas manos. El aire se volvió exquisito, perfumado, extansiante.
Tomé el cuchillo fuertemente por el mango y en un segundo le había cortado el cuello y la mujer cayó al suelo rápidamente, pronunciando algunas palabras que no alcance a comprender, borbotones de sangre brotaban de su cuello a chorros y cuando su cabeza toco el suelo ya había atardecido.
La voz del hombre volvió a resonar en mi cabeza mientras lo veía desaparecer entre los árboles diciéndome – ésta vez ya no podré detenerte – al tiempo que resonaba una gran carcajada en el aire.

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