Mónica Marchesky

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Mónica Marchesky

Mensaje por BIBLIOTECARIA (O) el Sáb Mar 14, 2009 11:07 am

LOS OJOS DE MI AMIGO


Poseído de espanto, emprendí finalmente la huida ante su impenetrable tiranía como ante una peste, y hasta el fin del mundo huí, huí siempre en vano”.
Edgar Allan Poe.


-Si muero primero –nos había dicho nuestro amigo a nosotros dos. –A vos –señalando al más viejo del trío, te tocarán mis orejas, y a vos –señalándome a mí- te tocarán mis ojos, para que pueda seguir por siempre junto a ustedes.
-Está bien, está bien –le increpamos- ya basta, no tomes más...
Pero nuestro amigo nos había hecho una doble broma, porque él sabía que iba a morir, nosotros no. Al cabo de unos meses falleció. Estuvimos en su entierro hasta que solo nosotros dos quedamos en el silencio del cementerio. Entonces mi amigo, el mas viejo, comenzó a escarbar como un enajenado la tierra que cedió sin resistencia a sus manos, dejando el féretro expuesto. Se tiró dentro del hoyo, abrió la tapa, sacó una afilada navaja y con decisión que yo no conocía, seccionó ambas orejas del cadáver, las colocó en una bolsa y me gritó desde el fondo.
-¡Ahora te toca a vos!
-¡No puedo! –le grité, como se te ocurre semejante disparate...
-Debes hacerlo –me decía mientras trepaba por la tierra- sino te perseguirá toda la vida, es el destino, él lo quiso así.
-¡No puedo! ¡No puedo! –volví a gritar retorciéndome entre mis instintos.
El más viejo salió del hueco con su bolsa de orejas y se perdió rápidamente en la oscuridad y siguió gritándome hasta que no lo oí más.
-¡Debes hacerlo, recuerda que te perseguirá toda la vida, es tu destino, no puedes huir, no puedes huir. Saqué fuerzas y bajé al foso a tratar de tapar el féretro, pero la tapa se atoró en una raíz, trepé hacia el exterior y comencé a tirar tierra, no podía dejar eso así, estaba muy mal.
Una niebla cubrió en un segundo toda sombra existente, solo dejó al descubierto las telas de araña en las ramas más bajas de los pinos y las huellas de las babosas sobre las lápidas. En esa zona el terreno era escabroso y tuve que arrastrarme para pasar entre las ramas que asieron mi garganta como si una garra del destino quisiera atraparme para cumplir la voluntad de mi amigo. Caminé hacia la dirección de la salida y me pareció que una sombra que no era la mía me acompañaba. Logré alcanzar la puerta y me tiré hacia la calle. Decidí que caminaría, había ensuciado mis ropas y zapatos. Serpenteé entre las calles y me detuve a cada instante. La sensación de persecución era tan fuerte que no podía casi respirar. Al llegar al centro de la ciudad disminuyó y pude sortear el poco transito de la noche y llegar a mi casa. Al subir las escaleras, volvió a estar junto a mi el aliento de mi amigo en mi nuca. Me metí en la ducha, y luego de un rato salí reanimado, pero al levantar la sábana para acostarme, huellas de manos, sucias, barrosas se confundían con pisadas que se perdían en la puerta. Quedé paralizado al ver que desde la almohada me vigilaban “los ojos de mi amigo”.

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Re: Mónica Marchesky

Mensaje por BIBLIOTECARIA (O) el Miér Jul 01, 2009 5:31 pm

MONARCAS
Cuando divisó la primera mariposa monarca supo que estaban cerca. Debía realizar el informe al centro de investigación; ubicado en las montañas de México central.

Anotó: hora 6 a.m. Danaus plexippus.

Había comenzado la visita de estos pequeños lepidópteros que año tras año recorrían miles de kilómetros para aparearse y reproducirse.
Como entomólogo siempre lo había asombrado la metamorfosis total que sufren estos insectos, primero los huevos, luego las hambrientas orugas que se sirven de todo alimento, desde plantas, hasta insectos más grandes, desarrollando así su metabolismo dirigido a la crisálida y finalmente la mariposa adulta...

Arrastró su cuerpo y pertenencias hacia un cubículo de observación al abrigo del frío y se dispuso a esperar.
Tenía todo, cámara fotográfica y chocolate para amortiguar los efectos del invierno que este año se presentaba más frío que de costumbre. Los árboles y arbustos no estaban en las condiciones óptimas que necesitan estos insectos para reproducirse. Estudiaría el comportamiento de la colonia en un ambiente desacostumbrado hasta ahora.
De pronto empezaron a divisarse mariposas oscuras africanas, esto era algo nuevo, no había registros al respecto.

Anotó: hora 8 a.m. Princeps Nireus.

Estas mariposas utilizan la luz para comunicarse; y era lo que estaban haciendo. Volaban en pequeños tramos y se detenían a absorber la luz ultravioleta que luego remitían en luz fluorescente azul-verdosa, atendiendo a una clave. Se fueron acercando cada vez más al cubículo de observación, mientras sus alas transmitían incesantemente.
En un instante la nube naranja y negra ocultó el cielo y un sonido único lo ensordeció. Las monarcas lo tomaron por sorpresa, inundando el cubículo de observación, atropellándose entre ellas, apareándose y antes de que pudiera arrastrarse hacia el exterior, lo inmovilizaron con arneses de seda y en cada agujero de su cuerpo depositaron los huevos hasta ahogarlo.

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Re: Mónica Marchesky

Mensaje por SEPI administracion el Miér Jul 08, 2009 5:33 am

DEL AMOR AZUL

“Cuando el rostro azul de una niña azul, irrumpió por el sendero; los cadáveres como jazmines destrozaron la quietud de la noche.”

Ese estribillo comenzó a repetirse una y otra vez luego que tuviera aquel suceso: Salía de mi casa como todos los días camino al trabajo, los mismos colores, los vecinos de todos los días, el mismo ómnibus. Podía sentir en mi piel el aire fresco de la mañana y el sol en mi rostro.

En un instante al bajar en mi destino y dar el primer paso, todo cambió a mí alrededor. Una oscuridad me rodeó y quedé paralizada. Lo que me pareció un siglo, fue un segundo en el espacio donde me encontraba. Se abrió bajo mis pies una línea azul brillante que se metía como una cuña en el negro absoluto. Estiré una mano y vi que mi cuerpo se confundía con el sendero. Extrañamente me sentía sin peso, flotando en un azul intenso y fue entonces cuando comencé a verlos.

Eran cadáveres que emergían de sus tumbas quebrando la quietud de la noche. Parecían ramilletes de jazmines blancos que se encendían horadando las sombras. No sentía temor, era como si todo estuviera en su lugar. Los cadáveres-jazmines comenzaron a seguirme y a rodearme, a obstruirme el paso, repitiendo a coro el estribillo como un lamento.

Fue entonces cuando sentí el primer tirón, una mano descarnada había arrancado mis dedos y se los llevaba a la boca absorbiendo el azul. Luego siguieron mis cabellos, mis brazos, mis ojos, todo mi cuerpo fue motivo de un festín en azul que encendía sus maltrechos esqueletos. Me multipliqué en cada uno de ellos y me metí en cada una de sus tumbas a la espera de que otra persona azul irrumpiera por el sendero.

Al dar el segundo paso me encegueció la luz del sol y mi cuerpo se estremeció, dudé en seguir caminando pero mi celular había comenzado a timbrar. Desde entonces no dejo de repetir ese estribillo que está en mi mente día y noche... día y noche...

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